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Mucho daño

El que sale mal parado es todo el colectivo arbitral

No voy a decir, sonaría prepotente, que no me pilló de sorpresa la noticia de que al parecer el Fútbol Club Barcelona pagó a José María Enríquez Negreira, exvicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, por los servicios prestados al club entre 2016 y 2018, sí puedo afirmar que no me extrañó.

Pero antes de entrar en materia quiero dejar claro algo que saben muy bien aquellos que me conocen. Tanto en el micrófono como en mis escritos, he sido implacable durante décadas con los llamados árbitros de la élite que nunca han aportado nada al fútbol al margen de caprichosas decisiones y errores continuados, salvo muy, muy pocas raras excepciones.

Por el contrario, he defendido “a muerte” a los árbitros de las categorías inferiores a los que mandan a un pueblo a pitar por 20 Euros sin Policía Nacional, sin Guardia Civil y en la mayoría de los casos sin nadie del Comité Técnico de Árbitros que le acompañe. Algunos de estos colegidos, con 16 o pocos más años y con una mínima experiencia en el arbitraje tienen que enfrentarse a los “cafres” que hay en las directivas y en los aficionados de demasiadas localidades.

Curiosamente les exigen perfección, aquella de la que carecen sus mayores, y se llevan broncas monumentales por hacer en un campo de fútbol lo que con asiduidad hace la inútil élite del arbitraje español.

Hasta hace poco, hasta les prohibían jugar al fútbol, algo que por el contrario debiera ser obligatorio, al menos hasta la categoría de juveniles. ¿Ya me contarán ustedes como un árbitro puede distinguir en una jugada la mala intención de llegar tarde? Imposible si nunca has jugado al fútbol, y ahora, en muchas jugadas les piden interpretación.

A lo que vamos.

Los regalitos a los colegiados es tan viejo como el fútbol profesional, no digo que todos los aceptaran pero era una costumbre muy habitual. También había colegiados representantes de marcas deportivas a los que había que hacerles el pedido antes del partido si querías que fuera, al menos, neutral.

Qué el fútbol es mucho más negocio que deporte no es nada nuevo, y escándalos, mejor dicho, supuestos escándalos, ha habido siempre. ¿Se acuerdan de la trampa de las bolas frías y las bolas calientes cuyo invento se atribuía al gran Raimundo Saporta para que el Real Madrid ganara consecutivamente muchas copas de Europa?

También, porque no decirlo, son habituales los pactos en el resultado si este beneficia en un momento determinado a ambos contendientes. Puedo asegurarles que he visto a jugadores quedarse pálidos porque se habían equivocado al pegar mal al balón y en vez de mandarlo fuera lo habían dirigido a la portería contraria, con el agravante de que el portero contrario no se lo esperaba. También he visto a centrales hacer auténticos pasillos a los delanteros contrarios para propiciar su gol. En fin, estaría días hablando de esto.

Lo más importante, diría yo que lo más preocupante, es que se afirma, yo personalmente no me lo creo, que los 1,4 millones cobrados por Enríquez Negreira sirvieron para que al Barça no se le pitaran penaltis en 70 partidos.

Si eso fuera cierto, reitero que me parece inverosímil, sería como decir que los colegiados que dirigieron esos 70 partidos estaban “aleccionados” por Enríquez Negreira, o lo que es lo mismo, es “echar mierda” sobre todo el colectivo arbitral donde hay muchos muy malos, demasiados, pero también honestos y decentes.

La solución es fácil, aunque siempre es la que nadie quiere.

Es el momento de desvincular para siempre el CTA tanto de la Federación como de LaLiga y crear un colectivo completamente independiente y transparente, no dependiente y totalmente opaco como lo es hoy.

Se acabarían lo “cupos” por federación, los ascensos a dedo y arbitrarían siempre los mejores, independientemente de donde viven o hayan nacido.

Terminen con la caza de fantasmas. Es el fútbol, no solo el arbitraje, el que necesita una sabia y profunda remodelación.

Antonio García Besga

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