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Tengo un amigo en Balay

Artículo de opinión de Luis Andrés Cisneros

No se confundan, queridos lectores de mis elucubraciones, no es que me haya contratado la empresa Balay ni su casa matriz Bosch, no he tenido esa suerte para poder engrosar mi maltrecha pensión ¡ojalá!; sencillamente que el anuncio de la marca de electrodomésticos viene al pelo con mi reflexión de hoy.

El espacio publicitario juega, de manera cariñosa, con la amistad como un bien cada día más escaso, ese vínculo estrecho de afecto, amor y fidelidad que, antes, solía ser un bien preciado en la sociedad. Pero claro, cómo diría un castizo, «eran otros tiempos».

No seré yo quien ponga en duda la literalidad de la frase publicitaria de la empresa radicada en Zaragoza; es más, pienso que puede ser una verdad como un templo, y que todos y cada uno de los empleados tratan de fabricar sus aparatos y atender a sus clientes como verdaderos amigos.

Los creadores de la frase publicitaria han conseguido captar la confianza de los clientes, sacralizando una palabra, «amigo» y devolviéndole el significado que ha tenido siempre. No hubieran podido hacer lo mismo si hubieran confeccionado el siguiente anuncio: «Tengo un amigo en política».

Sí, el tiempo y las vicisitudes que han rodeado el nacimiento y desarrollo de los partidos políticos, han dejado, bien a las claras, que las palabras «amigo» y «política» son incompatibles y se repelen como el agua y el aceite, nunca pueden mezclarse, ya que se repelen.

No hace falta remontarse a tiempos inmemoriales; si revisamos los últimos años hemos tenido, y seguimos teniendo infinidad de ejemplos que demuestran que es más de fiar un «amigo que trabaje en Balay» que «uno que milite en un partido político».

Es muy sencillo, sólo hay que buscar las «traiciones» que han sucedido en nuestro teatro político nacional, sin necesidad de navegar por lo ocurrido en el terreno internacional. Ejemplos los encontrarán a raudales, sin necesidad de tener que buscar por muchos recovecos.

Si nos atenemos a los principios del régimen del 78, todos recordaremos al delfín de Manuel Fraga, ese profesor universitario llamado Jorge Verstrynge, que acabó en el extremo opuesto de AP, sirviendo como palanganero de Pablo Iglesias y entregando a su hija Lilith a las fauces de la máquina podemita.

Más recientemente hemos          podido contemplar como Macarena Olona, azote de los partidos del Gobierno y sus socios, ha pasado de ser la lengua más acerada en el Congreso a ser un personaje que dice todo lo contrario. Y además sin ahorrarse ninguna puñalada trapera a los que hasta hace poco eran sus «amigos».

Uno de los últimos esperpentos es el protagonizado por los miembros del Gobierno, que se apuñalan por la espalda sin ningún miramiento. Lo asombroso es que, mientras están en el Gobierno, se lanzan dardos más envenenados que la oposición (me refiero a la del PP).

No podemos olvidarnos a Pablo Casado. De la noche a la mañana fue defenestrado de su partido y los que ayer le acariciaban el trasero, al día siguiente echaban sapos y culebras contra él. Lo mismo que le pasará al tal Núñez Feijóo.

En el momento en el que dejas de «pintar» algo en un partido político, pasas de la cresta de la ola a la «Fosa de las Marianas» y todos aquellos que te juraban fidelidad y amistad eterna, de repente sufren un ataque de amnesia incurable y juran no haberte conocido nunca.

El listado de «antiguos o supuestos amigos» daría para rellenar tomos y tomos de la Biblioteca Nacional. Seguro que cada uno de ustedes tiene, guardados en su retina miles de sucesos como los que he relatado en este artículo. Estos hechos se dan también en la vida privada, pero es más fácil encontrar amigos de verdad.

Amigos, una pequeña recomendación, si tienen un amigo político, sepan que es una impostura, que mientras le puedan ser útiles se abrazarán a usted como «el abrazo del oso». Desconfíen, en cuanto no le sean de utilidad, lo podrán matar.

Cómo dato de quiénes son realmente, analicen que, a la hora de plantear sus anhelos, sólo hablan de «ganar», «democracia», «perspectiva de género», etc., pero muy pocos hablan de España.

Háganme caso, y no me guía ningún interés crematístico: «Busque un amigo en Balay, nunca en un partido político»

Luis Andrés Cisneros

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