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Inteligencia ¿Artificial?

Artículo de opinión de Antonio García Besga

Si alguien quisiera ponernos a prueba podría encargarnos evaluar la inteligencia artificial. Estaríamos, sin duda, ante un reto dificilísimo de conseguir.

Por el contrario disponemos de infinidad de parámetros para evaluar la inteligencia natural y averiguar el nivel intelectual de aquellos que nos rodean.

Podríamos empezar con algo tan simple cómo preguntar al evaluado qué canal de televisión ve habitualmente, que periódico lee, quiénes son sus escritores favoritos o cuantas obras de nuestro ”Siglo de Oro” ha leído.

Nos situaríamos ante parámetros muy interesantes de analizar.

Pero hay muchos más detalles que algunos consideran insignificantes que te dan con certeza el nivel del que tienes enfrente.

Hay a quien tienes que preguntar, cuando te llama por teléfono, ¿de parte de quién? Porque al parecer no ha aprendido a presentarse o es impresentable.

Observar a quienes son capaces de sentarse a la mesa sin quitarse la gorra.

Oyendo hablar por teléfono o viendo comer a las personas te saca de toda duda sobre el número de neuronas que tiene disponibles.

La situación incomprensible de cuando te paras en la puerta de un bar o restaurante para ceder el paso a un matrimonio y es el marido el que sale primero sin ceder el paso a su esposa.

Los que pasean por las aceras con la correa de su mascota desplegada y te obligan a bajarte a la calzada para que pase su perro sin hacer el más mínimo ademán de acortar la distancia entre él y su animal para cederte el paso.

Una costumbre muy de nuestra ciudad son los corrillos en las aceras. No seré yo quien critique las relaciones públicas pero dejar pasar a los que circulamos sería un detalle.

En los transportes públicos te lo ponen fácil. Ya les hablé de ello en otro artículo. Te montas en el TRAM y a los dos minutos conoces el coeficiente intelectual de la mayoría de los que viajan contigo, llevándote una enorme decepción sobre eso que damos en llamar animal racional.

También les puede servir el número, sitio y contenido de los tatuajes que se ha hecho aquel que tiene enfrente.

La puntualidad, en desuso, es también un buen parámetro para medir el nivel de con quién has quedado, más si la reunión es de trabajo.

El vestuario dice mucho de la persona. No me refiero a los gustos de moda, cada uno viste como quiere pero no cuando la vestimenta es para la ocasión. No se puede ir vestido igual a todos los sitios porque tú te sientas a gusto o no dispongas de espejo en tu domicilio.

Está científicamente demostrado que la mayoría de las personas sacamos etiquetas y conclusiones de quien tenemos enfrente en los primeros treinta segundos de conocerle.

Ser educado, saber presentarse y saludar convenientemente no cuesta dinero aunque a algunos parece les suponga la ruina.

Un caso especial es la hostelería. Hay clientes que no han llegado aún a enterarse de que la esclavitud está abolida y tratan al camarero como esclavo de raza inferior, es curioso que entres en un bar, digas buenas tardes, y algunos te miren como diciendo ¿de qué me conocerá este a mí para que me diga buenas tardes?

Podríamos estar días hablando de lo mismo. Sólo me queda recordar de nuevo al gran Luis Aguilé cuando afirmó: “El problema no es que la educación no esté de moda, el problema es que la gente la desconoce

En disculpa de todos ellos hay que decir que llevan años aleccionándoles en los medios de comunicación confundiendo nuevas modas con falta de educación y eliminando de nuestras vidas la urbanidad que nos convirtió en un pueblo civilizado.

Antonio García Besga

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