No es la primera vez que escribo sobre este tema.
Hace ya años, cuando dirigía la mañana y la tertulia política en esRadio Castellón, ya bauticé a la vecina localidad de Benicàssim con el nombre del título de este artículo
Es increíble que en pleno Mediterráneo y disfrutando del clima que disfrutamos algunos sigan empeñados en meternos en casa, «sin sueño y con sed».
Si esto ya es una estupidez de por sí, más lo es si quien lo intenta lo hace por cuatro descerebrados a los que les molesta todo, incluso que los demás se diviertan.
Para dormir y disfrutar del silencio de la noche contamos en nuestra provincia con pueblos maravillosos para descansar y hacer vida monacal.
Lo que no procede es ir a dormir a una discoteca y exigir que quiten la música.
Sales tarde, es verano y hace calor, y cuando estás en lo mejor, y con suerte de que la noche ha refrescado, te levantan de la mesa porque es hora de cerrar y la Policía Local empieza a extender «recetas». No son ellos los culpables sino los descerebrados que redactan ordenanzas municipales sin saber lo que hacen, destruyendo negocios e innumerables puestos de trabajo, aunque éstos sean temporales.
Solo cuatro locales con antigua licencia de PUB pueden permanecer abiertos hasta una hora “decente” para irse a la cama en verano y estando de vacaciones.
Si en las localidades de costa se está haciendo mucho daño al ocio nocturno y a la hostelería, Castellón de la Plana, nuestra capital, no es una excepción. Los dos últimos gobiernos socialistas municipales se han rendido a la exigencias de cuatro, no son muchos más, que quisieran la ciudad para ellos solos y que poseen tal afán de protagonismo que en un entierro les gustaría ser el muerto.
Los horarios de hostelería son atentatorios contra la viabilidad de los negocios e incluso me atrevería a afirmar que contra la libertad individual de los vecinos.
La Policía Local recibe a diario decenas de llamadas de algunos, que se hacen llamar vecinos, quejándose de ruidos e incluso denunciando delitos inexistentes. Lo que no nos cuentan es que esas llamadas provienen en un altísimo porcentaje de los cuatro de todas las noches y que están suficientemente identificados por la Policía Local.
¿Quién ordena no actuar contra los falsos acusadores?
Me consta que movilizan patrullas todas las noches sin necesidad alguna mientras se dejan de atender otros servicios por falta de efectivos.
El trato recibido por los los chiringuitos de playa y la desidia en acabar con el problema de los mosquitos es otra clara prueba de la nula importancia que se da a nuestro ocio nocturno.
Otro caso especial es el Bulevard Vicente Blasco Ibáñez. Por la tozudez y sinrazón de cuatro vecinos se persigue sistemáticamente a los establecimientos de hostelería. Se ha reducido su horario, sus metros de terraza y el número de mesas de las que pueden disponer hasta poner en riesgo la rentabilidad de alguno de los negocios.
Para colmo de males se les exige retirar cada noche la terraza completa y depositarla dentro del local. Antes, sin estorbar a nadie, se apilaban junto a una farola y se ataban con una cadena dejando todo el paseo libre. Ahora, los empleados deben dedicar cada noche media hora a recoger la terraza haciendo además mucho ruido al transportar en carros el mobiliario hasta el interior del local. Un auténtico sinsentido.
Aún así, son continuas las llamadas de los cuatro impresentables al minuto de la hora de cierre o ante el más mínimo ruido. He sido testigo de la llegada de una patrulla de la Policía Local a uno de los establecimientos porque habían recibido una llamada quejándose de ruido en un local que curiosamente llevaba cerrado por obras y vacaciones dos semanas.
No hace muchos días celebramos una fiesta familiar a mediodía en el Grao. Tuvimos que tomarnos una cerveza, antes de comer en el propio restaurante donde habíamos reservado mesa porque solo encontramos un bar abierto.
El turismo necesita algo más que sol y playa y el respeto al derecho del ocio nocturno debiera ser tan importante como el derecho al descanso ya que considero que ambos, se demuestra en otras muchas ciudades, son compatibles, solo hay que evitar gamberros y vecinos a los que les fastidia que los demás se diviertan, los dos son igual de nocivos para el bienestar de la ciudad.
Les dejo un cartel anunciador de un establecimiento de Benicàssim del que he omitido, por respeto, el nombre del local.

