
En nuestro país se pueden encontrar cualquier Ley, por absurda o increíble que parezca. El título de la misma puede parecer beneficioso y, hasta, necesaria, pero si profundizamos en su articulado, nos podemos llevar las manos a la cabeza, aunque a estas alturas, nuestra capacidad de asombro está sobrepasada.
Si nos detenemos en la de Bienestar Animal, podemos apreciar que se trata de un compendio de cosas absurdas y que va, totalmente en contra de la raza humana sobrevalorando de manera irracional a los animales, sean salvajes o domésticos. Al fin y a la postre es todo una manual para sacar dinero de cualquier parte.
No aparecen, de momento, los animales denominados carroñeros y eso que parecen estar emparentados con los políticos responsables de las Leyes al uso. Sencillamente no figuran dichas especies por que difícilmente se les puede deslindar de la clase política.
Los animales carroñeros (también conocidos como necrófagos) son aquellos que se alimentan de animales muertos. Aves como los buitres, mamíferos como las hienas o algunas especies de insectos como los escarabajos, basan casi toda su alimentación en la carroña.
Pues, si nos atenemos a la definición sobre los «animales carroñeros», podemos deducir, con bastante aproximación, que dicha acepción define, con bastante exactitud, el papel y desempeño de la inmensa mayoría de los políticos que ocupan sus escaños en el Congreso o el Senado.
En abril de 1990, el político vasco Javier Arzallus, pronunció una frase que definiría con claridad meridiana el componente carroñero de la inmensa mayoría de políticos «unos sacuden el árbol para que caigan las nueces y otros las recogen»; definición meridianamente clara de la filosofía del político profesional español.
Y todo este rosario de comportamientos carroñeros, lo estamos viendo a diario en la vida parlamentaria española. Salvo honrosas excepciones todos los que sientan sus posaderas en cualquier organismo oficial disfrutan como enanos repartiéndose los despojos de un país al que están llevando a su agónica muerte.
Tomemos el ejemplo de la recién nombrada Presidente del Congreso; una individua que, por el módico ingreso de más de 200.000€ al mes, el cual es expoliado de nuestros bolsillos le importa un carajo la situación de nuestra Patria. Más importante es que ella nade en la abundancia.
Personaje nefasto que consintió que se prostituyera a menores en Baleares, que persiguió el español en las islas, que primó que los médicos supieran catalán antes que destrezas profesionales, que se emborrachaba en pleno encierro pandémico….. Y ahí la tenemos participando del banquete de buitres o hienas.
Su principal preocupación, en vista de que España según nuestros carroñeros nada en la abundancia, es que en las Instituciones se habla catalán vascuence o gallego. Sus defectuosas neuronas entenderán que, para España, es más importante crear una Torre de Babel que procurar el bien de los españoles.
Pero no sólo se trata del PSOE y sus hienas cómplices. Si miramos a la triste figura del tal Núñez Feijóo, podemos contemplar la misma sonrisa de hiena que adorna sus expresiones o la de sus lacayos de partido. Simplemente están esperando a que los buitres de La Moncloa les dejen su «trocito» de despojos para llevarse a la boca.
Ninguno, salvo quizás VOX, hablarán de cambiar el banquete carroñero, o sea la norma electoral; nadie quiere nombrar la bajada de impuestos; nadie piensa en los españoles; todos suspiran por tener un puesto en la orgía de miseria a la que están llevando a España.
De vez en cuando surge algún político sin hambre de carroña, como hemos visto en el abandono, por parte de Iván Espinosa de los Monteros, de todas sus prebendas. Desde aquí mi más sincera felicitación por su gesto que, por desgracia es una gota en un maremágnum de vileza humana.
Estamos asistiendo a reuniones sobre cómo repartirse la carroña a espaldas de todos aquellos que, con buena fe, depositaron su voto en las urnas, y que están siendo ofrecidos como banquete para estos animales que sólo buscan su propio bienestar.
Si sobre el cielo de Madrid apareciera una bandada de buitres sobrevolando lugares como la Carrera de San Jerónimo, la calle Bailén, La Moncloa o La Zarzuela, probablemente se irían espantados ante la imposibilidad de posarse en el suelo.
Por la gran aglomeración de buitres políticos o por miedo a enfrentarse a ellos. Lo mismo pasaría si se tratara de una manada de hienas, saldrían huyendo, como político con sus alforjas llenas en dirección a algún paraíso fiscal.
Se darían cuenta que el «bienestar animal», no hace referencia a ellos, hace referencia al «bienestar animal» que, en realidad significa «bienestar de las clases políticas.
¡¡VIVA ESPAÑA!! ¡¡ARRIBA ESPAÑA!!
Luis Andrés Cisneros
