Si no fuera por la evidente espontaneidad del “crimen” cometido por el presidente de la RFEF, Luis Rubiales, se podría pensar que todo este follón se ha montado para ocultar la situación política inestable y peligrosa que vivimos.
Resulta increíble que un espontáneo e inocente “piquillo” sea el motivo para “quitar de en medio” al expresidente de la AFE y al actual presidente de la RFEF cuando a lo largo y ancho de su “carrera” deportiva ha habido numerosos y suficientes motivos, en ambos cargos, para haberle suspendido de sus funciones tanto por motivos civiles como penales.
¿No ha existido hasta ahora interés político para librarse del impresentable?
La fiscalía, que tanta veces mira para otra parte cuando los delitos cometidos no tienen interés político, curiosamente, ahora, anima a Jennifer Hermoso a iniciar acciones legales contra el presidente.
Se le acusa hasta de despreciar la igualdad, siempre sacando de contexto sus palabras, cuando lo que realmente desprecia, como otros muchos españoles, es el destino de 20.000 millones de euros y la desigualdad que para los hombres han supuesto.
Un dineral, sacado de nuestros bolsillos, para criminalizar al varón por el mero hecho de serlo y dejarlo en situación de total indefensión jurídica.
¿Qué quieren que les diga? Si darle un “piquillo” a una amiga en un momento de fiesta y euforia es un delito me declaro culpable.
Hay mil motivos para haber cesado a Luis Rubiales de sus cargos, pregunten a futbolistas y clubes, pero hacer un drama nacional, con el estandarte de la igualdad, de un acto que como he dicho me pareció completamente espontáneo e inocente, es aprovechar la situación para sacar rédito político y sectario, sobre todo por parte de la Vicepresidenta y Ministra de Trabajo, de una tontería.
Me parece más grave el gesto del presidente en el palco a la finalización de la final que el inocente “piquillo”, pero claro ahí no había motivos de igualdad para criminalizarle.
