Las elecciones gallegas confirman varias cosas y nos anuncian otras nuevas. Analizar el resultado de unas elecciones, más si éstas son autonómicas, es complicado, lean ustedes los comentarios de decenas de periodistas y politólogos publicados y verán que se contradicen en muchas cosas a pesar de coincidir en algunas.
No hay duda, el PP se consolida, si no lo estaba ya, como la fuerza política que los gallegos desean para su gobierno y sigue moviéndose en esa horquilla de escaños que no les da la victoria por “goleada” pero sí una mayoría absoluta cómoda.
Esta mayoría, además, ha sido conseguida en el peor de los escenarios. La campaña desatada por el PSOE contra Alberto Núñez Feijóo no lo ha puesto fácil acusándole de utilizar o pretender los mismos pactos inmorales que los socialistas practican con independentistas, delincuentes, traidores, filoetarras y con cualquier otro enemigo posible de España. Curiosa política que me recuerda a un soez pero clarificador refrán riojano: “Puta le llamaba La Tacones a La Cartones”.
El giro de los acontecimientos sigue siendo peligroso. El crecimiento exponencial del Bloque Nacionalista Gallego (BNG) nos sigue alertando de las peligrosas, y poco democráticas, tendencias nacionalistas que pueden aparentar beneficios locales ocultando riesgos preocupantes de futuro ante su enfrentamiento directo con el Estado y el Estado de Derecho.
La debacle socialista y el crecimiento del nacionalismo gallego «Son dos pésimas noticias para España», ha afirmado Javier Lambán
El PSOE sigue pagando caro en provincias la política llevada a cabo por Moncloa y como era de esperar ya no recibe el voto de muchos de los suyos. La bofetada recibida ayer en las urnas debiera hacer reflexionar, aunque admito la imposibilidad de que lo haga, a Sánchez y dar un giro radical a su política antes de que su partido, o lo que queda de él, se convierta en una fuerza política residual.
La caprichosa e injusta Ley Electoral, esa de la que todos se quejan pero que nadie cambia cuando tiene la oportunidad, da representación a Democracia Ourensana a pesar de conseguir menos de la mitad de votos, a nivel regional, que otras fuerzas políticas que no estarán presentes en el Parlamento Gallego en esta nueva legislatura.
La izquierda radical desparece del mapa político y al partido de la actual vicepresidenta (Sumar), Yolanda Diez, no se le vota ni en su pueblo.
Podemos sigue siendo la marca a extinguir, días contados tiene el que fuera el populismo más popular.
VOX, es cierto, avanza en votos y en porcentaje, y obtiene más votos que Podemos y Sumar juntos, pero anuncia seguir trabajando en la misma línea, lo que significa que el partido de Abascal sigue sin reflexionar y sin la más mínima autocrítica desde la bofetada electoral de las elecciones andaluzas a pesar de no acercarse a sus objetivos y previsiones.
A lo dicho, seguimos dando giros, algunos muy peligrosos.
