
Si a principios de este siglo que estamos viviendo, nos hubieran dicho que todo lo relativo a la muerte formaría parte de lo habitual y corriente en nuestras vidas, ninguno de nosotros lo hubiera corroborado. Es más, lo hubiera negado con vehemencia, o se hubiera desternillado de risa.
Pues bien, la cultura de la muerte se ha instalado entre nosotros bajo el manto y el predicamento de las élites globalistas que gobiernan el mundo actual, con la aquiescencia de los miembros de las sectas que se autodenominan «partidos políticos».
Esta nueva cultura de la muerte es una ideología homicida que a su paso siembra y cosecha violencia, confrontación, aniquilación y destrucción del ser humano. Para ello recurre al aborto, la eutanasia, la ideología de género, el feminismo radical, las guerras, la muerte civil del disidente y la censura más feroz.
Los organismos que lo impulsan son países como los Estados Unido e Inglaterra, así como la Unión Europea, el Foro de Davos, el FMI, la OEA, la ONU, la UNESCO, la OMS, el Banco Mundial y todos los organismos que están bajo el manto protector de la ONU y todos sus tentáculos.
Por supuesto, no podemos olvidar el papel que juegan en este juego macabro el complejo militar industrial de los distintos países, la industria farmacéutica internacional, la Banca Mundial y distintos personajes como George Soros, Bill Gates, los Rothschild, etc.
Sin olvidar los cómplices necesarios que desempeñan un papel vital en que esta cultura del miedo alcance sus objetivos más oscuros. Estos cómplices son los, mal llamados, medios de comunicación y que engloban a prensa, radio y el más letal, las televisiones.
Tanto a través de los medios como de los programas de entretenimiento, se encargan de promover estilos de vida y pensamientos tendentes a difuminar la frontera entre el bien y el mal, con lo cual se consigue la impunidad para el asesino, llegando al final a que dicho acto sea considerado normal.
Lo hemos visto con la declaración que varios países han adoptado, de que el «aborto» sea considerado como un derecho fundamental. O sea, el asesinato de un ser vivo nonato, no es que sea un delito, es que por arte de birlibirloque ha pasado a ser un derecho fundamental de un ser, al que ya no podemos llamar humano.
No se extrañen si, dentro de no mucho tardar, el asesinato tendrá leyes que regulen su mecánica. De hecho, ¿no ocurre ya con los asesinatos cometidos por los terroristas de ETA? Tenemos a un terrorista de pro, como Arnaldo Otegui, hablando de igual a igual con los miembros del Gobierno. No es magia son nuestros impuestos.
Sólo tenemos que ver cualquier informativo de televisión para comprobar que el famoso semanario «El Caso», hoy en día casi se podría catalogar como una revista de humor. Desde el principio hasta el final sólo se habla de temas de muertes, asesinatos, desgracias, catástrofes y política (esto último también entra en el apartado de malas noticias).
Al fin y al cabo, los capitostes de dichos medios no hacen más que cumplir cual lacayos las órdenes que reciben de los políticos que son quienes riegan, con nuestros impuestos, sus cuentas deficitarias. Como muy bien dice el periodista Albert Castillón «se venden más periodistas que periódicos».
Para ver como nos manipulan y nos manejan como marionetas vamos a tomar como ejemplo el conflicto armado que se está desarrollando en suelo ucraniano. Hace menos de dos o tres años, nadie en España hubiera apostado por entrar en una guerra con Rusia. Nuestro país era antibelicista y amante de la paz.
Bueno, pues ahora nos están vendiendo la idea de que Rusia (siempre el comodín de Putin) está a punto de atacar y tenemos que prepararnos para una guerra abierta. ¿Qué se nos ha perdido en ese conflicto? ¿Tenemos que defender a los gerifaltes de la OTAN, igual que harían ellos cuando Marruecos ataque Ceuta y Melilla?
Estamos inmersos en esa cultura de la muerte, en contraposición a la de la vida. Mientras tanto apoyamos la eutanasia, destrozamos nuestro sector primario, destrozamos la agricultura, la ganadería, la pesca, la industria, todo, Y lo que es más grave, despreciamos nuestra historia y vilipendiamos a la familia. Debemos luchar por «la cultura de la vida»
¡¡VIVA ESPAÑA!! ¡¡ARRIBA ESPAÑA!!
Luis Andrés Cisneros
