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Opinión

Sucia labor

Artículo de opinión de Antonio García Besga

Asistimos a las protestas generadas en el seno universitario contra Israel y su ejército por su actuación de Gaza. Es curioso que estas protestas procedan de un denominado círculo supuestamente cultural como es la Universidad.

Dejemos claro que nadie, absolutamente nadie, incluido el gobierno israelita, ignora los daños colaterales que está suponiendo la guerra en Gaza. Nadie es capaz de ser ajeno al sufrimiento de los civiles, más aún si estos son niños, y a las injusticias que siempre se han derivado de las guerras.

Aquellos que me conocen saben de mi postura siempre contraria a la política expansionista semita y sigo teniendo mis dudas sobre la legalidad de la constitución del estado de Israel, pero una cosa es ser ciego y otra muy diferente no querer ver.

Parte, gran parte diría yo, de la población civil palestina ha apoyado, unos por miedo, otros por convicción, al movimiento terrorista de  Hamás​ que no es más que una organización política y paramilitar palestina que se declara yihadista, ​ nacionalista e islamista.​​​​

Son los propios palestinos quienes han alimentado durante décadas al monstruo y ahora, desgraciadamente, les toca pagar el pato tras haber despertado a la “bestia”, al estado de Israel con su mentalidad paranoica y algunas veces esquizofrénica desde  la persecución nazi de los años cuarenta y que cuenta con el mejor y más preparado ejército del mundo.

Pero, al margen de estas consideraciones, lo que sin duda más me llama la atención es el silencio mediático de lo ocurrido.  Al menos cinco grupos armados palestinos se unieron a Hamás en el mortal ataque contra Israel el 7 de octubre, después de realizar ejercicios militares conjuntos desde 2020, según muestra un análisis de la BBC.

Cientos de judíos asesinados a sangre fría, mujeres violadas y asesinadas, embarazadas abiertas en canal a cuchillo, niños violados y asesinados delante de los ojos de sus padres y centenares de secuestrados. Ese puede ser el balance de un día que debiera, en vez de silenciarse, pasar a la historia como el día más cruel y sin sentido protagonizado por los asesinos yihadistas.

Hamás no defiende palestina, no se lo crean ni por un momento, es solo una organización terrorista que decidió en su día declarar la guerra al resto del mundo en nombre de falsas creencias religiosas.

Tampoco se entiende que se condene públicamente el apoyo militar de EE.UU a Israel y se silencie la ayuda armamentística y económica que recibe Hamás de Rusia e Irán entre otros países colaboradores con el terrorismo, si este se ejerce contra occidente y su cultura.

Que sucia labor se está haciendo con los jóvenes en la universidad y en los medios de comunicación para convencerles de que en la guerra entre palestinos y judíos unos son los buenos y otros los malos.

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