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La claque o la clac

Artículo de opinión de Luis Andrés Cisneros

Recordando momentos de mi infancia cuando vivía en Zaragoza ha venido a mi memoria que mi padre trabajaba en un teatro en mi ciudad de origen, el Teatro Circo y su misión era la de Jefe de Electricistas y manejaba todo lo que tenía que ver con la iluminación del recinto.

Allí fue donde descubrí «la claque» o «la clac» que era el nombre con el que se conocía a un grupo de individuos a los que se les pagaba para aplaudir en los espectáculos, tanto teatro como musicales. A cambio de sus aplausos “incondicionales” se les dejaba entrar gratis o eran contratados por modestas sumas.

En nuestros tiempos esta práctica ha desaparecido de los teatros, pero no de los medios, como las “risas enlatadas” de las series de televisión o los asistentes a programas de TV cara al público, que a las órdenes del regidor aplauden como focas o jalean y gritan como auténticos forofos.

Ya en la antigua Roma parece que se creó esta forma de participar en los espectáculos. Está documentado que Nerón, que era un megalómano con ínfulas sanchistas, ordenó a un grupo numeroso de jóvenes que le vitoreasen y adulasen cada vez que salía a escena.

Bueno, pues la pervivencia de «la clac» está garantizada por muchos años. Sólo tenemos que ver cualquier sesión del Congreso, Senado, Parlamentos autonómicos o ayuntamientos, para visionar la cantidad ingente de miembros de esos grupos de aduladores o pelotas profesionales que pululan por esos lares.

Sólo hay una diferencia, ¡pero qué diferencia! Mientras que aquellos que se deslomaban a aplaudir hasta producirse hinchazón en las manos a cambio, la mayoría de las veces por poder asistir gratis a la representación de la obra, los de la foto de este artículo no perciben, como mínimo, menos de setenta mil euros anuales.

Otra diferencia evidente. El que invitaba, previo aplauso, a visionar la obra pagaba la entrada de su bolsillo. Ahora no ¡faltaría más!, todo ese montante de millones de euros anuales, querido lector, salen de su bolsillo y el mío. Pero claro, todo eso lo hacen por defender la «democracia».

Se puede entender que aplaudamos a algo que tiene mérito, que está bien hecho, que es ingenioso o que tiene utilidad; pero eso hoy en día carece de importancia. Si un diputado, por ejemplo, sube al estrado y lee el tomo primero de las páginas amarillas. Será interrumpido vehementemente por sus acólitos.

Puede darse el caso de que, a continuación, acceda a la tribuna de oradores un diputado de otro partido distinto y lea el mismo tomo de las páginas amarillas, será aplaudido y vitoreado a rabiar por los suyos, mientras que los que hace un momento aplaudían a rabiar, se quedarán paralíticos.

En cierta forma es comprensible. Imagínese querido lector que a usted lo colocan en el puesto del garbancito mental llamado Pachi López. Por su sueldo anual de más de 113.000 Euros y otras prebendas, y le dijeran que cada vez que habla su líder, tiene que cantar «Clavelitos», probablemente no lo haría, pero usted no es político.

Tenemos que recordar que, salvo muy honrosas excepciones, la inmensa mayoría de los que pululan por esas instituciones tienen una función (me niego a llamarlo trabajo) de auténticos vagos. Pongo un ejemplo. ¿Se imaginan a Gabriel Rufián, poniendo el despertador para ir a trabajar?

Su labor de autómatas se ciñe a lo siguiente: no escuchar a los ciudadanos, negase a razonar y pensar, que no le falte dinero en su bolsillo, robar a manos llenas y, por encima de todo, aplaudir a rabiar y ser, a ser posible, el más destacado de «la clac».

¿Podemos solucionarlo? Lo tenemos complicado ya que, por desgracia en España sólo tenemos una opción y es votar este próximo 9 de junio a los partidos que no sean globalistas, en la esperanza que, de verdad, ellos cambien la deriva sin rumbo de nuestra querida España. No vote a los que nos han traído hasta aquí.

Acabemos con los auténticos sinvergüenzas que llevan años y años expoliando nuestra nación, y saquémoslos, para siempre, de «la clac».

¡¡VIVA ESPAÑA!!     ¡¡ARRIBA ESPAÑA!!

  Luis Andrés Cisneros

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