Al deporte parece que quieran quitarle su esencia.
Hoy comienzan, al menos oficialmente, los Juegos Olímpicos de París, el evento deportivo más prestigioso del mundo y que se celebra cada cuatro años. Los atletas de todo el mundo compiten en diversas disciplinas y solo unos pocos tendrán el honor de conseguir una ansiada medalla. Los Juegos Olímpicos están divididos entre los Juegos Olímpicos de Verano y los Juegos Olímpicos de Invierno, que se celebran en ciclos alternados cada dos años.
Por otro lado, las Olimpiadas, hacen referencia al periodo de cuatro años que transcurre entre una edición de los Juegos Olímpicos y la siguiente. Para encontrar el origen del término nos tenemos que remontar a la Antigua Grecia, donde los Juegos se celebraban cada cuatro años en Olimpia. Por lo tanto la Olimpiada denota el intervalo de tiempo y no el evento.
Esta es solo una de las cosas que parece no se entienden o no se quieren entender.
Quedan deportes, gracias al espíritu deportivo que los preside, que siguen siendo ejemplo. En el atletismo, boxeo o ciclismo, por citar alguno, se idolatra, se respeta y se admira al que gana, al que te gana, al vencedor, al mejor…
¿Por qué Nadal está obligado a conseguir una medalla? ¿Por qué nuestras futbolistas están obligadas a subir a lo más alto de podio? ¿Por qué nuestros regatistas y remeros tienen que ganar siempre?
Es absurdo. Los Juegos Olímpicos representan todo lo contrario. Es el encuentro de los mejores deportistas del mundo del momento y todos están obligados a dar lo mejor de sí, pero ninguno está obligado a ganar, mucho menos a hacer de menos o despreciar al rival, eso es exactamente lo contrario del “Espíritu Olímpico”.
Hay que conseguir medallas, pero siendo los mejores en el césped, la cancha, la tierra, el parqué, el tatami o el agua superando a los más destacados deportistas de tu especialidad.
No caigamos en la trampa de considerar a los Juegos Olímpicos una competición pecuniaria más como lo son muchas de las competiciones deportivas mundiales.
El “Espíritu Olímpico” es un código de comportamiento dentro y fuera del campo de juego con el que los atletas, hombres y mujeres se distinguen por honrar el Movimiento Olímpico y la filosofía del Olimpismo.
Pierre Fredy de Coubertin, parisino de nacimiento y barón de Coubertin, era un apasionado de hacer que el mundo sea un lugar mejor a través del deporte. Por eso fundó el Movimiento Olímpico. Él creía que el deporte podía ayudar a unir a las comunidades, detener las guerras y promover competiciones saludables libres de trampas y discriminación.
No le traicionemos.
