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Citius, Altius, Fortius

Artículo de opinión de Luis Andrés Cisneros

Probablemente, si el barón Pierre de Coubertin, hubiera visto el triste espectáculo que sus compatriotas vomitaron en la inauguración de los Juegos Olímpicos, renegaría de su lema «Más Rápido, Más Alto y Más Fuerte» y, con toda seguridad de su nacionalidad francesa y su origen parisino.

La máxima de «Citius, Altius, Fortius» ha sido pisoteada, ultrajada y vilipendiada por unos supuestos seres iluminados, desde organizadores a políticos, que han parido un aquelarre satánico digno de la secta satánica más depravada, que conforman los prebostes de la Agenda 2030.

Una exaltación de la indefinición del sexo, una degeneración pedófila manifiesta, una burla feroz de las creencias religiosas cristianas, un escarnio del respeto a las personas, un desprecio total al espíritu que siempre ha caracterizado a los deportistas y, en resumen, un canto glorioso a la destrucción de la civilización occidental.

Algo que demuestra hasta que punto se ha perdido el raciocinio es la burla que hacia su propia historia han sufrido los franceses de bien, que esperemos los haya. Han pisoteado su pasado, se han reído de María Antonieta, regodeándose de su decapitación, con un montaje de gente sosteniendo su cabeza desgajada del cuerpo, cantando como si tal cosa.

Pero no acaba aquí la mofa. Ver a la banda de la Guardia Republicana bailando al son de un reguetón, ver la invasión de personas (o algo parecido) de sexos de reciente creación y ver la utilización despreciable de niños y niñas, señala el hundimiento de Europa y el mundo occidental.

Todo fue un cántico a las supuestas bondades del globalismo que nos asfixia. Esa frase que repiten hasta la saciedad de «no tendrás nada y serás feliz», se queda corta con lo que nos espera. Y todo con la complicidad y, quien sabe, si regocijo de nuestros políticos que son los responsables finales.

Otro de los iconos del Olimpismo que era ver a los atletas entrando juntos y hermanándose en el Estadio ha saltado hecho añicos. La unión de los distintos países en el centro del escenario olímpico se ha convertido en una escena fascista y repudiada. Había que separar a las distintas delegaciones.

La imagen de los cinco aros olímpicos va a cambiar, ahora serán cinco arandelas rotas e independientes. El globalismo tiende a separar a los pueblos para, de esta forma, dominarlos con mayor facilidad. Curiosamente ningún país asistente ha elevado la más mínima protesta. Occidente se ha rendido.

Ver la imagen de la obesa mórbida que se atribuye el papel de Jesucristo en la Última Cena es de lo más patético que se ha podido ver en el mundo. Me gustaría ver a «eso» haciendo el papel de Mahoma en cualquiera de los versículos del Corán. No hay huevos.

Se entiende que los organizadores respeten y se pongan de rodillas ante los musulmanes es por un tema religioso. Debemos recordar que el Profeta era un reconocido pedófilo y tuvo relaciones con infinidad de menores de edad. Quizás esta sea una de las razones de las violaciones por musulmanes.

Hubiera sido deseable que los participantes de dicha Olimpiada hubieran hecho algún gesto de reprobación. Pues ni por esas, como se diría castizamente se han dejado comer la tostada. Ya se sabe, «la pela es la pela». Salvo Carvajal y alguno más se han vendido al poder establecido.

La inseguridad en Paris, los robos a turistas y delegaciones, las agresiones sufridas por la gente, la impunidad de los delincuentes y terroristas, sobre todo si son negacionistas del jamón, es una de las señas de identidad de los países europeos.

A la vista de lo que está sucediendo podemos esperarnos lo peor. Estamos ante una sustitución de los europeos por islamistas, ante la complicidad de los llamados «progresistas». Como ya está diciendo mucha gente, no es inmigración es «invasión».

Europa no se muere, Europa se suicida. Francia ha sido el más claro ejemplo. La ciudad de la Luz ha cambiado por «La ciudad satánica de las Tinieblas» «Más oscuridad, Más degradación, Más terror».

Recordemos aquella frase que se decía en el colegio cuando éramos pequeños: «Maricón el último». Ahora ha cambiado por imperativo legal «Maricón el primero»

¡¡VIVA ESPAÑA!!     ¡¡ARRIBA ESPAÑA!!

  Luis Andrés Cisneros

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