
Y lo mismo se podría preguntar sobre Donato o Pelé. En ninguna entrevista, información o reseña mediática, se hacía mención al color de su piel; en aquella no tan lejana época, en España, el tinte de la epidermis de la gente era irrelevante.
Buen ejemplo lo tenemos en el excelente futbolista de nacimiento brasileño que defendió con pundonor y acierto la camiseta de nuestro país, sin hacer gala del color de su tez. No hacía falta más que ver la expresión de su rostro para ver su alegría y felicidad.
Otro tanto podemos decir sobre otro gran jugador que defendió nuestra roja camiseta, como el deportivista Donato. Y no debemos olvidar a «O Rei Pelé» que fue un auténtico ídolo mundial sin que nadie usara para destacarlo el adjetivo “negro”, ni él mismo hiciera gala de racismo presumiendo de su color de piel.
Volviendo a Marcos Senna, en todo momento se mostró orgulloso de vestir la enseña nacional y tremendamente feliz de defender los colores nacionales destacándolo en cada entrevista que le hacían y siendo un referente de sus compañeros, tanto en la selección como en su equipo el Villarreal.
Todo esto viene a cuento de la descastada y desagradecida atleta ¿española?, que tras su estrepitoso fracaso en las Olimpiadas de París ha mostrado su cara racista e hispanófoba pretendiendo humillar a sus compatriotas con descalificaciones dignas de un miembro del Ku-Klux-Kan, pero atacando a los blancos.
Desde inicios del siglo XXI, las sociedades, en general, han sufrido una metamorfosis destructiva. Pero lo más curioso es que este odio al hombre blanco se de en España, que desde tiempos inmemoriales ha sido la nación que más ha defendido el respeto a las distintas razas.
Ya Isabel I promulgó el primer Código de defensa de los indígenas americanos, que podríamos considerar como el primer Tratado sobre los Derechos Humanos. En América nació el mestizaje y se mezclaron los españoles con los distintos habitantes del continente americano.
Que hubo alguna que otra incorrección, seguro, pero fueron las excepciones, al revés de lo ocurrido con otras naciones como Francia, Inglaterra, Holanda, Bélgica y algunas otras. Dónde estuvieron el exterminio de los nativos fue palmario. Veamos, si no, el número de mezclas de razas en USA.
Ahora, lo que se lleva, lo que lo «políticamente correcto» se impone es la supremacía de las razas, sobre todo la negra, y queriendo tomar venganza sobre abusos históricos. Ahora bien, se ceban con España, que fue la única nación que protegió y desarrolló a los países del continente americano. Pero no hacen mención del genocidio anglosajón.
Claro, todo lo hasta hora expuesto será muy difícilmente comprendido por personas como esa tal Peleteiro, que tiene su visión alterada por el odio y el racismo. Buscando alguna explicación a su comportamiento errático, a lo mejor habría que buscar en sus raíces, para buscar alguna explicación.
Siempre se ha dicho que los valores se adquieren desde pequeño en el ambiente familiar y, quizás, ahí podamos encontrar su desarraigo tanto familiar como de relación con los demás. Es muy probable que, el desconocimiento de su figura paterna le haya llevado a desequilibrios afectivos.
Taparse el nombre del país que, muy a pesar suyo, representa da una clara muestra de sus valores. Se tapa el nombre, pero no renuncia a cobrar la pasta con la que el “hombre blanco” y español, riega su cuenta corriente. La excusa de que los imperdibles le molestan demuestra lo cortita que es.
A nivel personal quiero decir que me alegro, de manera profunda, por su fracaso deportivo, aquí se podría acudir a ese refrán tan sabio español: «quien siembra vientos, recoge tempestades». Los desprecios a su país será muy probable que le pasen factura; aunque con los tiempos que corren igual la vemos de ayudante de Irene Montero.
Me gustaría decirle que aprendiera, por ejemplo, de Marcos Senna que, antes que negro, que es intrascendente, es una persona con principios y honrada. Ahora bien, me cuesta pensar que comprenda el significado de estas dos palabras. Su racismo no le da para tanto.
¡¡VIVA ESPAÑA!! ¡¡ARRIBA ESPAÑA!!
Luis Andrés Cisneros
