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Paraíso fiscal

Artículo de opinión de Luis Andrés Cisneros

Es encomiable la supuesta lucha de los políticos que nos toca padecer, en su lucha, según dicen ellos, para acabar con los paraísos fiscales en todo el mundo, salvo aquellos en los que ellos acumulan el dinero del saqueo al que nos someten con sus deshumanizados impuestos.

Si nos atenemos a la definición del significado de «paraíso fiscal», podemos ver que se trata de «un país o territorio que se caracteriza por su baja o nula tributación y la falta de un efectivo intercambio de información fiscal con otros Estados». Lo que vendría a ser un chollo para los políticos.

Claro, toda palabra tiene su antónimo, y en esta ocasión estaríamos hablando de «infierno» el cual no se encuentra muy alejado de nosotros, está justo en España. Nuestro país es uno de los mayores ejemplos de lo que podríamos denominar «Infierno fiscal».

La presión de los impuestos es salvaje y, ni en la denostada Edad Media, el saqueo a que se somete a la población alcanza los delictivos niveles de hoy.  Y no digamos nada del nivel impositivo en los años de los gobiernos del General Franco, donde su sistema recaudatorio podríamos incluir dentro de los parámetros de los denominados «paraísos fiscales».

Pero no nos engañemos, en España existen los «paraísos fiscales». Podemos verlo en el régimen impositivo del que gozan los políticos con exenciones tributarias en sus emolumentos, dietas y otros beneficios que están libres de aportar un solo duro al erario.

Esto nos recuerda a María Antonieta que, días antes de caer bajo la guillotina y paseando por París con su coche de caballos, ante una concentración de gente que se quejaba de no poder comer pan, pronunció esta lapidaria frase, «pues que coman pasteles». Dicho digno de un político actual.

Pasemos ahora al «Infierno fiscal». Según su definición se trata de «un país o lugar con tasas impositivas muy altas y que, además soportan una opresiva burocracia fiscal». Estoy seguro, querido lector, que habrá adivinado que estamos hablando de nuestro moribundo país, España.

Claro no sólo los políticos se benefician del elitista «paraíso fiscal español», son varios aquellos que «chupan» de la ubre del Estado, a la que engordamos con lo que nos roban. Entre ellos encontramos a sindicatos, periodistas, medios de comunicación, ONG’s, inmigrantes ilegales, pilinguis de ambos sexos, personas de sexos indefinidos, políticos y aquellos que, no hace mucho, se encontraban en el apartado de «vagos y maleantes».

Las personas bien pensantes creen que para un prócer de la Patria (palabra tendente a desaparecer) su fin primordial sería conseguir que, para los habitantes del país, lo ideal sería conseguir que España figurara como un «paraíso fiscal». Pero claro, eso tiene sus inconvenientes.

¿De donde sacar el dinero para mantener a la sopa boba a una legión de incompetentes? ¿Cómo conseguir vivir opíparamente sin pegar ni palo al agua? Lo tienen fácil, usando la palabra mágica «democracia». Con este vocablo todo lo malo se transforma en algo maravilloso. ¡Y nos lo hemos tragado!

A los políticos y sus cómplices les importa un pepino que los españoles estemos asfixiados por este «infierno fiscal» que nos ahoga. Les importa un huevo que a España la estemos matando poco a poco. Llegará un momento que el pueblo español pagará el ciento por ciento de sus ingresos, pero no pasa nada, ellos vivirán «democráticamente» de maravilla.

Reccordemos aquella serie española interpretada por el castellonense Miguel Ángel Silvestre, por cierto, hijo de un buen amigo mío (Q.E.D) y Amaia Salamanca cuyo título era «Sin tetas no hay paraíso», para la descastada clase política sólo habría que cambiar el título por el de «Sin impuestos no hay paraíso».

Bueno, también para Ábalos, el Tito Berni y una retahíla de chupópteros de nuestros impuestos lo de las tetas y el paraíso les vendría como anillo al dedo.

Queridos amigos, desconfíen de aquellos que viven en un «paraíso fiscal», mientras le hunden en un «infierno fiscal».

¡¡VIVA ESPAÑA!!     ¡¡ARRIBA ESPAÑA!!

  Luis Andrés Cisneros

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