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¿Qué hemos hecho con el fútbol?

Artículo de opinión de Antonio García Besga

A estas alturas habría que preguntarse si aún existe, porque cuesta reconocer como fútbol aquello que en su día disfrutamos, practicamos y amamos.

Los acontecimientos y, sobre todo, en las manos que ha estado y está el fútbol han desprestigiado hasta llevarlo a las cloacas el “deporte rey” aunque no esté de acuerdo con este calificativo ya que para mí, sin duda, el deporte rey es el atletismo.

Por poner algunas fechas claves de la degradación del fútbol habría que nombrar como causa principal la Ley del Deporte de 1.990 cuando, con solo 4 excepciones, se obligó a los clubes a convertirse en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD).

Cierto es que la Ley salvó de la desaparición a muchos clubes que se encontraban en la más absoluta de las quiebras pero no es menos cierto que se mató el espíritu deportivo, de club y de socio.

Los socios pasaron a ser abonados, su único derecho es pagar el abono. Las entidades pasaron a manos de los accionistas que al ser propietarios podían y pueden tomar cualquier decisión sin contar con “la masa social” que ni pincha ni corta.

La segunda fecha fatídica fue la llegada de Valdano al fútbol español. Hasta esa fecha lo que ocurría en el césped se quedaba en el césped y todos cumplíamos con esa norma amparados en el espíritu deportivo que estaba por encima de la competencia o rivalidad. Fue el argentino quien comenzó a filtrar a la prensa deportiva más amarilla aquello de que “éste me ha insultado, éste me ha escupido, éste me ha pegado…”, una auténtica plañidera que creó escuela en muchos futbolistas inconscientes.

Estos días atravesamos por el juicio contra los presuntos estafadores que presuntamente vaciaron las arcas del CD Castellón. Partamos de la base, desgraciadamente, de que si realmente eran ellos los dueños de la SAD CD Castellón tenían, supongo, derecho a llevarse el dinero que quisieran aún a costa de arruinar la “empresa”.

Unos han pactado con el club hasta entregar 1,1 millón de euros para evitar la condena y la posible multa y cárcel. Otros, más arriesgados, se mantienen en su inocencia y se exponen a cuantiosísimas multas y largas sentencias de privación de libertad.

Esto, siendo club, no habría podido suceder ante la fiscalización de las cuentas a las que tenían derecho los socios.

Caso reciente de las cloacas en que estamos son las críticas del impresentable Javier Tebas a Marcelino García Toral por sus quejas sobre el VAR en el reciente partido contra el Getafe, reconociendo más tarde, el primero,  que ni tan siquiera había visto la jugada de la polémica.

Hace pocas fechas, el histórico Athletic Club rendía homenaje, en el centro del césped de “la catedral”, a un filoterrorista que clavó el emblema de ETA en la cumbre del Everest,  si bien es cierto que a los pocos días emitió un comunicado desmarcándose del asunto y condenando el terrorismo.

A unos les cierran el campo un par de jornadas por altercado de orden público es su estadio y a otros les cierran solo una parte y un día imponiendo una ridícula multa de 3.000 euros. Los agravios comparativos en la Liga de Fútbol Profesional son constantes entre ricos y pobres con el beneficio continuado de Madrid y Barcelona,  especialmente por los repartos de derechos de televisión. Fernando Roig protestó por este hecho y le costó el descenso al Villarreal CF.

A Peter Lim, a quien ni tan siquiera se le puede protestar en su tierra sin riesgo de ser encarcelado, se le permite, para eso es el dueño, arruinar el Valencia, desproveerlo de efectivos y colocar al equipo en claro riesgo de descenso.

Al Real Madrid, ahora, no le dejan explotar las instalaciones del Bernabéu por ser molesto para los vecinos, cuando es fácilmente demostrable que cuando se construyó el campo no había un solo edificio a cientos de metros alrededor del estadio.

Podríamos estar días hablando de las continuas y reiteradas chapuzas que se realizan alrededor del fútbol profesional mientras se descuida el fútbol base y mientras no se permite a los árbitros más noveles cometer un solo fallo de los que habitualmente cometen sus compañeros de 1ª División cada jornada.

Por terminar con algo hiriente me gustaría hacer referencia a la concesión, todo el mundo lo da por hecho, del Balón de Oro a Vinicius Júnior.

Se premia a un futbolista acusado de provocador por todos los espectadores a los que les ha tocado sufrirlo amparado en supuestos delitos racistas de los que acusa a todos los españoles.

No creo que Vinicius sea el mejor ejemplo para nuestros niños y jóvenes, más bien diría que es ejemplo del que hay que huir.

Mientras algunos nadan en la abundancia, aprovechándose de los más pobres, éstos tienen que hacer auténticos malabarismos para confeccionar una plantilla y mantener la categoría mientras los grandes, la Federación y los árbitros se ríen de ellos en la cara. Les imponen límites salariales y les ponen todo tipo de obstáculos para que jamás puedan alcanzar el nivel económico de aquellos que a fuerza de talonario se diputan los títulos cada temporada. Todos juegan al mismo juego pero a algunos, siempre los mismos, se les permite elegir las cartas de la baraja.

O volvemos al respeto a los valores del deporte o el fútbol ya no volverá nunca a ser un deporte y seguirá siendo un gran negocio al servicio de unos pocos con el trabajo de muchos.

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