Es lamentable que se dedique todo el tiempo y espacio de que se dispone en medios de comunicación, tanto en informativos como en ruedas de prensa, coloquios y realitys, a buscar culpables de lo sucedido en la Comunidad Valencia, Andalucía y Castilla la Mancha sobre todo por la DANA que ocupa un altísimo porcentaje del tiempo en radio, televisión y páginas de periódico.
En alguna otra ocasión ya he hecho mención al título de este artículo que un buen amigo mío, ya tristemente desaparecido, exhibía en su bar toda la vida.
Seguimos siendo fieles a la tradición y créanme que me he contenido, desde el triste 29 de octubre, para no comentar nada sobre el tema por, sobre todo, respeto a los familiares de los fallecidos. Pero siento ahora que la inutilidad del silencio no puede ser herramienta de disculpa o falta de responsabilidad para aquellos que son culpables de la muerte, la destrucción y la inmoralidad que ha rodeado y sigue rodeando a las consecuencias de la DANA del pasado 29 de octubre.
Seguramente se cometieron muchos errores y solo me queda la esperanza, no lo tengo claro, de que algunos de ellos no fueran intencionados para su aprovechamiento político despreciando la vida de aquellos ciudadanos a los que tienen el deber de proteger.
Desprendámonos de complejos, de simpatías a ciertos signos políticos e intentemos llamar a las cosas por su nombre. No buscaré culpables, mi intención es solo darles algunos apuntes para que sean ustedes quienes saquen sus propias conclusiones.
Comenzamos por esa “raza” especial que son los pseudo ecologistas, hablo de aquellos para los que la Agenda 2030 se ha convertido en una fijación, en una enfermedad que si no curamos a tiempo nos llevará a la ruina y al desastre, tanto ecológico como económico.
Hablo de esos que no permiten la limpieza de los montes, que se interponen ante la masificación de especies que están destruyendo nuestra fauna, de aquellos a quienes molestan nuestros agricultores y ganaderos porque se deben a la influencia y economía de China que tiene como principal objetivo la destrucción, el empobrecimiento de Europa y su dependencia energética y alimentaria de ella y de sus países satélites que también abrazan el comunismo como arma para subyugar a las personas, convertirlos en dependientes del estado y por tanto en esclavos físicos e intelectuales de quienes les controlan.
Cómo les molesta que gracias a las infraestructuras hídricas impulsadas por Franco, no lo reconocerán nunca, se ha evitado que el número de muertos haya sido de escándalo tercermundista aunque justo es decir que un solo fallecido ya es suficiente para exigir responsabilidades. Presas y pantanos que han permitido beber agua y regar a los españoles durante décadas. La naturaleza nos ha golpeado otra vez, 50 veces en Valencia desde el Siglo XIII.
Ahora, a la gota fría le llaman DANA para justificar el gran e inmoral negocio del “cambio climático”.
Es mentira que esta DANA sea lo más grave sucedido en España, ya Víctor Hugo relataba que en octubre de 1.879 las inundaciones de Santa Teresa, en Murcia, con más de 1.000 personas fallecidas, 23.000 cabezas de ganado muertas, y más de 5.700 viviendas destruidas, el agua del río Segura subió en Murcia hasta 10 metros, por no hablar de los 300 muertos de las inundaciones de Valencia de 1.957, las de Rubí con más de 600 muertos en 1.962, en Almería y Granada, en 1.973 cayeron más de 600 litros por metro cuadrado en apenas un día, 400 en solo una hora, el segundo registro más alto de la historia de nuestro planeta.
En la “pantanada” de Tous, 1.982, se registra la primera y nefasta intervención política en el siniestro, los guardias civiles que vigilaban la presa advirtieron de que se estaba rompiendo, se trasladó la alerta al gobernador civil de Valencia y este al presidente del gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo contestó que él era ingeniero y que era imposible que la presa se derrumbara. Con ocho muertos, hubo que esperar quince años a una sentencia condenatoria por negligencia del Estado, ni un solo político fue condenado, ni uno solo de esos políticos a los que les dan igual los muertos, vengan de ETA o de cualquier otra tragedia.
La AEMET, infectada por enchufados, preveía entre 120 y 180 litros por metro cuadrado afirmando que la alerta roja desaparecería a las 18 horas del martes. Cuando la delegada del Gobierno en la Comunidad y el Presidente de la Generalitat analizaban esta información Utiel ya llevaba dos horas inundado. Curiosamente la AEMET francesa advirtió de lo que vendría, afirmando que existía un alto riesgo para las personas.
La mediocridad y el enchufismo se han instalado en la política española.
Cuatro días después de las inundaciones ni Sánchez ni Mazón habían tenido las agallas suficientes para tomar el mando de las operaciones mientras se multiplicaba el número de fallecidos y desaparecidos, era más importante conservar el puesto y sacar rédito político a la situación que salvar a las personas.
Tengo entendido que la Ley de Emergencia Nacional” recoge que si la tragedia afecta a una población es responsabilidad municipal, si afecta a más de una población la responsabilidad es provincial y si se produce en más de una provincia, como era el caso, la responsabilidad y el mando debe tomarlo el Gobierno central, Ley 17/2015, de 9 de julio, del Sistema Nacional de Protección Civil, debiendo asumir el mando el Centro Nacional de Seguimiento y Coordinación de Emergencias de Protección Civil. La ley reitera la participación de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en las acciones de protección civil, así como de la Unidad Militar de Emergencias, algo que solo puede ordenar el Gobierno central.
El Gobierno se ríe de nosotros soltando el mismo discurso que en La Palma y debemos recordar que en la isla, tres años después, muchos de sus habitantes siguen durmiendo en barracones. ¿Es ese el porvenir que les espera a Valencianos, Andaluces y Castellano-Manchegos?
A día de hoy no se ha recibido una sola ayuda económica del Estado y solo un 5% de las previstas por la Generalitat.
No se limpian los bosques para que no se estresen las aves y seguimos con la inmoral impunidad con que se comportan las confederaciones hidrográficas, esas que nunca tiene la culpa de nada y que impiden a los ayuntamientos limpiar los cauces y orillas de los ríos por ellas abandonados y que destruyen presas para dar libertad a los peces.
El “Plan Sur” de Franco, al que querían dar un destino “sostenible, Joan Ribó, Ximo Puig y Teresa Ribera ha salvado miles de vidas en la capital valenciana pero ellos seguirán con su absurdo “catecismo” de la Agenda 2030, los muertos, supongo pensarán, pronto se olvidan.
El sectarismo ideológico crea muerte y destrucción pero les importa más la crónica política.
Las presas franquistas como la Forata (1969), Loriguilla (1965), Sichar (1960), Regajo (1959), Toa, de Primo de Rivera (1925), María Cristina (1925) y Buseo (1915), han salvado miles de vidas. Ahora nuestros gobernantes presumen de derruirlas. El Gobierno socialista, Compromís y Podemos frenó el desvío del Barranco del Pollo con la disculpa de que podría perjudicar a la huerta valenciana.
La estupidez climática y ecologista es también responsable de la tragedia.
Unos por psicópatas y otros porque el cargo les viene grande abandonan a la población, aquella a la juraron proteger, a su suerte.
Ya saben, si necesitan algo, pídanlo.
