Algunos de ustedes podrán tildar de prepotente este artículo pero me he decidido a escribirlo al pensar que a diario juegan inconscientemente con la vida de uno sin que al parecer nadie tenga interés en poner coto a la situación.
Mi primera observación es que, siendo generoso, creo que el 70% de los poseedores de carnet de conducir no están capacitados para usar un vehículo con garantías suficientes para aquellos que coincidimos con ellos en calles y carreteras.
Una cosa es tener carnet de conducir y otra, muy diferente, es saber conducir.
Hay una auténtica “tribu” de irresponsables rodando por caminos y asfalto.
Están los que no han sabido conducir nunca, aunque aprobaron el examen, y que no aprenderán jamás porque, vaya usted a saber el motivo, no han nacido con dotes suficientes para poner las manos en un volante aunque se empeñen en hacer horas de riesgo rodado. Son los “negados” para la actividad.
Hay quienes viven solos. Son aquellos que cuando se montan en su coche piensan, bueno, no piensan, más bien no son conscientes de que hay más vehículos al margen del suyo, son los que coloquialmente bautizamos como “a su puta bola”. Un auténtico peligro constante que no saben que existen los intermitentes, los espejos retrovisores, las señales de tráfico o las más mínimas reglas de urbanidad. O frenas, o te apartas, o ya puedes ir avisando al chapista. Eso en ciudad, si das con uno de ellos en carretera es mejor adelantarle a la primera oportunidad o parar y dejarle marchar para que se juegue la vida él solo sin poner en peligro la tuya.
Cuando vas por carretera, incluso por autovía o autopista, detrás de alguno de ese 70% comentado, piensas, inevitablemente, tras verle hacer un par de maniobras, coger alguna curva o realizar un adelantamiento, que si llega a su destino es porque tiene “Ángel de la guarda”.
Especialmente peligrosos son los que sin saber lo que llevan entre manos tienen complejo de “Fangio” y creen que saben conducir.
Para empezar hay que distinguir entre alguien que sabe conducir y alguien que es conductor. Estos últimos son contados y profesionales, no de la carretera, de la conducción deportiva o especializada. Para los “fangios”, créanme que lo piensan, Fernando Alonso es un aprendiz.
Los que habitualmente viajamos somos conscientes de que los poco más de 1.000 muertos anuales en carretera son poquísimos si atendemos a como conduce el personal.
Lo triste es que esa nefasta institución llamada DGT, Dirección General de Tráfico, no tiene la más mínima intención de poner orden en las carreteras y dejar de perseguir la recaudación pura y dura para advertir, y multar si es necesario, a aquellos que no muestran las más mínimas habilidades y hacen barbaridades al volante.
Qué no les cuenten milongas. Es mentira el porcentaje de muertes que atribuyen al exceso de velocidad, es más, un alto porcentaje de los accidentes, sobre todo las salidas de vía que se producen en autopistas y autovías, son porque a 120 km/h los conductores se duermen, estadística que la DGT lleva años ocultando conscientemente para descargar en ese dato su inutilidad.
La gran mayoría de nuestras carreteras no pasaría la ITV jamás, aunque se les aplicara una revisión mucho menos exigente a aquella utilizada con los vehículos de motor.
Si hablamos de señalización hablamos de caos. Carreteras con la señalización horizontal sin pintar desde hace años y señales verticales basadas más en el tráfico de vehículos pesados que en turismos.
Acepten mi humilde consejo: Cuando salgan de viaje no dejen a su “Ángel de la Guarda” en casa.
