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A ponerse medallas

Artículo de opinión de Antonio García Besga

Llevamos dos años de legislatura, no sé si de avance o de calvario.

Este mes de junio se ha convertido en el mes de la “autocondecoración”, es raro el grupo político o gobierno de turno, nacional, autonómico, provincial o  municipal que no haya caído en la tentación de ponerse medallas y afirmar qué altos, guapos, listos y buenos somos

La realidad es bien distinta. Nuestros políticos, sin la más mínima vocación de servicio, han realizado una labor mediocre, anacrónica con las necesidades del momento y poco útil para el ciudadano.

No hablaremos del Gobierno Nacional ya que se trata de una banda de títeres indignos para este país y únicamente centrados en mantener al “Capitán Sánchez” en la Moncloa y en controlar un sistema judicial que les permita librar la “trena”.

A nivel autonómico, que quieren que les diga. Es difícil ver la utilidad de una autonomía a no ser por el hecho de crear empleo público con nuestro dinero mientras también se llevan su parte proporcional de nuestros bolsillos. Además, nosotros padecemos la Valenciana, inmersa en una terrible tragedia sin culpables ni responsables como fue la DANA, con un Consell primero atado, más tarde dependiente, de una formación como VOX que sigue marcando líneas rojas de las que ellos tanto se han quejado y que a estas alturas tiene despistado a todo el mundo ante la dificultad de entender hacia dónde camina y que es exactamente lo que piensa y defiende.

 La política provincial tampoco está para tirar cohetes. Hay que agradecer a Marta Barrachina su esfuerzo, pero los recursos, para atender a 135 municipios, son tan escasos que bastante hace con poner un parche aquí y otro allá.

Gastronomía y turismo siguen siendo las estrellas de una Diputación que gobierna una provincia con muchas carencias y necesidades.

Localmente hablando las cosas se “desmadran”. Si empezamos por afirmar que los proyectos estrella son la remodelación del Mercat Central y la Zona de Bajas Emisiones, por cierto ambos iniciados por el gobierno de Amparo Marco, es difícil esperar algo importante de un Gobierno municipal que además de la falta de iniciativa cuenta con el lastre de gobernar con VOX o más concretamente con el lastre de tener que plegarse a la inutilidad de algunos de los concejales de la extrema derecha.

¿Ha cambiado algo en los dos últimos años? Poco o nada.

A nivel nacional seguimos dejados de la mano de Dios, a nivel autonómico el dinero se pierde en proyectos absurdos mientras algún valenciano sigue sin ascensor tras ocho meses de promesas,  en la provincia seguimos sin poder maximizar la eficacia de la institución provincial por falta de recursos y el Ayuntamiento sigue asaltado por las dudas, la falta de decisiones, alguna declarada cobardía y un deambular a fuerza de fotografía por la actualidad y la realidad de los vecinos.

En líneas generales, al margen de la ya mencionada falta de vocación de servicio público, estamos instalados en la mediocridad y cuando las instituciones las manejan políticos de mente poco clara los resultados son los que son, a la vista están.

Eso sí, no escucharán de nadie la más mínima autocrítica, son tan poco útiles a la sociedad que la mayoría piensan que hacen las cosas bien y se consideran auténticas estrellas de la política sin saber absolutamente nada de lo que es una correcta gestión.

Si no hay cambios profundos, y pronto, si seguimos gobernados al antojo de quien no sabe que está ahí para servir y no para ser servido, este país, esta comunidad, esta provincia y este municipio seguirán deteriorándose más, si es posible mayor deterioro del que ya padecemos.

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