Sé que este pequeño artículo tendrá muchos detractores porque habrá quien quiera ver en el comentario cosas que no se dicen pero que pueden ser objeto de dudosas interpretaciones.
Vaya por delante que soy hijo de veterinario y que aprendí desde muy pequeño a amar y respetar a los animales, es quizá por eso por lo que a diario me desespero con lo animales que son muchos de los propietarios de mascotas, especialmente aquellos que tienen perro.
Quienes presumen de querer a los animales y llevan el ecologismo por bandera sacan a su perro a la calle solo por sitios asfaltados, sujetos por una correa y en algunos casos con el molesto bozal al que la ley obliga. Perros que no han corrido sueltos por el campo en su vida, perros pastores que no conocen el ganado, perros guardianes que nunca han sido entrenados para su labor, galgos que no han corrido 10 metros jamás, cockers que no han visto un río de cerca. Les obligan a orinar y defecar a una hora determinada y en algunos casos en un sitio concreto. La mayoría de sus dueños desconocen las más básicas normas de alimentación que debieran proporcionar a su animal de compañía.
Muchos no lo sacan a pasear, solo lo sacan para atarlo a la pata de una mesa en la terraza de cualquier cafetería para que dé el “coñazo” a los de las mesas de alrededor cada vez que ladra al paso de otro congénere, o lo que es peor, lo sientan en una de las sillas donde usted tendrá que posar su culito cuando el perrito ya no esté.
El resto del día cerrado en casa y posiblemente ladrando cada vez que hay movimiento en la finca, pero no se le ocurra quejarse porque será usted tratado de desaprensivo, de irrespetuoso y de poco amante de los animales.
Las almohadillas, partes acolchadas y gruesas en la parte inferior de las patas, que actúan como amortiguadores y protectores, no se crearon para andar por el asfalto, mucho menos si éste se encuentra a 40 o más grados de temperatura, pero claro, no es el dueño del perro el que se quema.
Usted se verá muchas veces obligado a bajar de la acera para cruzarse con alguien que camina con su perro y su correa extendida sin hacer el más mínimo amago de recogerla para permitir su paso.
Besan a sus mascotas en el morro ignorantes de las enfermedades que pueden transmitir e incluso permiten que coman o beban en el mismo plato que ellos.
Pronto, al paso que vamos, tendremos que caminar por sitios señalizados para peatones para dejar espacio libre a los perros.
Ah!! Se me olvidaba…yo tengo el mismo derecho a no tener perro que usted a tenerlo.
