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Opinión

Cambalache

Artículo de opinión de Antonio García Besga

Acuerdo o intercambio entre dos o más partes alcanzado de forma poco transparente, así lo define la Real Academia.

Pues eso, es un auténtico cambalache el que padecemos en este país, antes llamado España.

Me acuerdo de Pio Baroja, médico y escritor donostiarra cuyo pensamiento político, no exento de ambigüedades, transitó por las simpatías por el anarquismo de su juventud, la oposición a la Segunda República y la defensa de una dictadura militar, no abandonando nunca su anticlericalismo. Qué pena que ya no queden hombres así!

Permítanme que copie, es casi un honor, a Pio Baroja para definir el “ganado” que habita la piel de toro. “En España hay siete clases de españoles: Los que saben, los que no quieren saber, los que odian el saber, los que sufren por no saber, los que aparentan que saben, los que triunfan sin saber, y los que viven gracias a que los demás no saben”.

Es difícil afirmar cuál de estas “razas” es la más peligrosa aunque yo elegiría, si tuviera que hacerlo, a los que no quieren saber. Son esa inmensa mayoría que con tal de llegar a fin de mes y haya para cerveza, gambas y vacaciones viven al margen de la realidad social y política que nos ha tocado aguantar. Cuando quieran abrir los ojos me temo que será tarde.

Parece no importarle a nadie que viviendo en un país donde te fríen a impuestos la cesta de la compra se haya encarecido caso el 40% en tan solo los últimos cinco años, donde es imposible llegar a la hora en un tren, donde aún hay muchas ciudades importantes incomunicadas por ferrocarril, donde si quieres circular con seguridad debes pagar peaje de autopista, donde es habitual el caos en los aeropuertos, donde el agua puede llevarse a tu familia sin que nadie exija responsabilidades, donde se tarda más de un año en reparar un ascensor o cuatro si quieres recuperar la vivienda que el volcán te arrebató, donde te puedes quedar sin luz sin que nadie tenga la culpa y donde las mujeres viven con miedo y privadas de libertad porque llamar asesino o violador a un inmigrante es delito de odio.

Mientras esto ocurre son los «mileuristas» los que pagan sueldos desorbitados a políticos que no saben hacer una o con un canuto.

Soy lo suficientemente mayor para recordar aquella red ferroviaria de la que disfrutábamos los españoles. Lenta, sí, incómoda en algunos casos, pero podías llegar en tren a casi  cualquier lugar de la península.

También recuerdo a Joan Manuel Serrat, que incluía en la letra de su canción “La Instancia – A quien corresponda” (1.981) una frase mágica: “Acláreles  quién manda y quien es el mandao”.

Se sirva tomar medidas y llamar al orden a esos chapuceros que lo dejan todo perdido en nombre del personal.

Pero hágalo urgentemente para que no sean necesarios más héroes ni más milagros pa’ adecentar el local.

No hay otro tiempo que el que nos ha «tocao»,

acláreles quién manda y quién es el «mandao».

La ignorancia, muchas veces voluntaria, en la se ha sumido la sociedad es más preocupante si cabe dadas las advertencias que a lo largo de la historia hemos recibido.

Isócrates, 350 años antes de Cristo, reflejaba nuestra actual realidad: “Nuestra democracia se autodestruye porque ha abusado del derecho de igualdad y del derecho de libertad, porque ha enseñado al ciudadano a considerar la impertinencia como un derecho, el no respeto a las leyes como libertad, la imprudencia en las palabras como libertad y la anarquía como felicidad…”

Discurso plenamente vigente tras haber transcurrido 2.375 años.

Solo el pueblo puede salvar al pueblo, aportemos cada uno nuestro pequeño granito de arena para no legar a nuestros hijos y nietos un auténtico cambalache.

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