Uno ya no sabe que pensar. Es difícil discernir si estamos ante la ignorancia más desmedida, una psicopatía extrema, la estupidez personalizada o simplemente, apuesto por esta opción, ante el mal como norma de vida.
No es creíble que alguien tenga el cerebro tan necrosado como para realizar las afirmaciones que Pablo Iglesias ha lanzado en referencia al Premio Nobel de la Paz, ya que al parecer aún puede hacer “pipí” de pie e incluso es capaz de hablar, alguna neurona parece que le queda.
A estas horas, otro caso psicológico digno de estudiar, Pedro Sánchez, aún no ha dado la enhorabuena a María Corina Machado.
Iglesias se pasó de frenada ayer, no se pueden soltar tonterías del calibre de las que soltó a no ser que seas un ignorante o un enfermo, es curioso que todos los aspirantes a “anticristo” tengan apellidos relacionados con aquello que odian e incluso elijan, como color de sus ideales, el nazareno.
Se refirió a Corina y al Premio Nobel en estos términos: «Lleva años intentando dar un golpe de Estado en su país, se lo podrían haber dado directamente a Trump o incluso a Adolf Hitler a título póstumo». Añadió, además, que «el año que viene que lo compartan Putin y Zelenski».
Hay que hacer un denodado esfuerzo de estupidez para decir semejantes barbaridades.
Parece que ya no recuerda quien ganó, aunque luego se las robaran, las últimas elecciones en Venezuela. ¿Quién es el golpista? Parece que no es consciente de que su partido gobierna con golpistas separatistas catalanes condenados y amnistiados. Parece que no recuerda que gobierna con los herederos de los asesinos de casi mil españoles. Parece que no recuerda cómo llegaron al poder personajes como Fidel Castro, Vladimir Ilʹich Lenin, los ayatolás iranís, los talibanes en Afganistán, Daniel Ortega en Nicaragua, y un largo etcétera que sería tedioso recordar. Curiosamente todos ellos amigos o históricamente admirados por Pablo Iglesias. “Dime con quién andas y te diré quién eres”
Siempre ha negado los lazos de su partido con la dictadura de Maduro a pesar de reconocer la legitimidad de su gobierno golpista y de que personajes muy allegados, como Juan Carlos Monedero, pasan media vida en Venezuela.
Ione Belarra, otra lúcida retrógrada, ha llegado a afirmar que «el premio Nobel de la Paz ahora lo reciben golpistas y criminales de guerra»
Este país no necesita un cambio, necesita urgentemente un batallón de educadores y psiquiatras, suponiendo que la salud mental de algunos todavía tenga cura.
