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Otra caza efectiva y otra cobardía

Carlos Mazón anuncia que deja la Presidencia del Consell.

Por Antonio García Besga

La última víctima de la cacería política que la izquierda acostumbra a utilizar ha sido Carlos Mazón.

Lo primero es dejarles claro que Carlos Mazón, seguramente, no estuvo a la altura de las circunstancias el pasado 29 de octubre del 2024, no seré yo quien defienda su gestión, quizá pudo hacer más y mejor.

Tras esta importante premisa nos encontramos otra vez ante la cobardía habitual de un PP incapaz de defender lo suyo y a los suyos.

A Carlos Mazón, tras ser vendido por los suyos y traicionado por el Gobierno de Sánchez, se le cargó, desde el primer día, con toda la responsabilidad de lo sucedido.

En su comparecencia de despedida como Presidente lo ha dejado meridianamente claro, sin pelos en la lengua ha señalado sin miedo a quienes mienten y siguen mintiendo, a quienes han utilizado la tragedia políticamente sin el más mínimo esfuerzo por atender y compensar a las víctimas y devolver su vida a los valencianos. “Yo no voy a llamar asesinos a quienes erraron en sus previsiones”, ha dicho Mazón, añadiendo la lucha por la libertad del gobierno que ha presidido.

En su intervención no ha faltado alguna “pullita” a su partido y a Alberto Núñez Feijóo

Ha dicho que espera que “con el tiempo la sociedad distinga entre una persona que se ha equivocado y una mala persona”, en clara referencia al Presidente del Gobierno.

¿Qué sucedió?

Que un gobierno instalado en la irresponsabilidad, diría más, en la enfermedad ecologista, se negó, por orden de la ministra Teresa Ribera y ejecutada por el gobierno de Ximo Puig, a realizar las obras ya diseñadas y presupuestadas que hubieran evitado la tragedia, y lo hicieron por no “violentar” a la naturaleza.

Que la ayuda del Gobierno fue nula en el comienzo de la tragedia. “Si necesitan algo que lo pidan”.

Que se negó durante al menos dos días la intervención de nuestras Fuerzas Armadas, las mismas que salvaron cientos de vidas en la riada de 1957 o en las inundaciones del País Vasco en 1983. Nadie ha pedido explicaciones a Margarita Robles.

Que el Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, tampoco quiso colaborar.

Que la Confederación Hidrográfica del Júcar se inhibió de su responsabilidad desde el minuto uno y sigue sin mover un dedo.

Que la Delegada del Gobierno, María Pilar Bernabé, no hizo uso de sus funciones, seguramente porque Madrid se lo ordenó.

Y que de la AEMET aún no conocemos más que escusas.

Reitero, sin eludir la responsabilidad de nadie, ha sido muy cómodo para el PP cargar las culpas a Carlos Mazón y Salomé Pradas y muy productivo, políticamente, para el PSOE.

El PP tras la caza a Eduardo Zaplana y Rita Barberá consiente, otra vez, que los rivales políticos le ganen la partida, quizá por la falta de valor para llamar a las cosas por su nombre.

Por último hay que anotar en la cuenta del PP otro gravísimo error. ¿Era el día indicado para anunciar la salida de Mazón mientras el Fiscal General del Estado está sentado en el banquillo de los acusados? No hay que ser un experto en marketing para afirmar que hacer coincidir las dos cosas, pudiendo haber aplazado la primera, es de tontos de baba.

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