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Opinión

España sí paga traidores

Artículo de opinión de Antonio García Besga

Hoy se cumplen 50 años de la traición cometida a los españoles del Sahara.

Sí españoles, eso son los saharauis a pesar de resoluciones de una nefasta institución como la ONU donde cada voto se rodea de dinero, dobles intenciones y servilismo. A pesar de los pactos de Donald Trump con Mohamed VI. A pesar de que los supuestamente más allegados al dictador Francisco Franco no informaron al general, en su lecho de muerte, de que España se había rendido.

Es triste escuchar en los informativos, incluso en las cadenas no pagadas, hablar de la “colonia” del Sahara. El Sahara Español no fue nunca una colonia, era, simplemente, territorio español y sus habitantes, créanme, se sentían tan españoles como usted o incluso más.

La traición se perpetúa en el tiempo. La relación de las autoridades españolas, desde la llegada de la democracia, con los saharauis repite un mismo patrón: buenas palabras pero, al final, pleitesía a Marruecos

El Sahara Occidental, el Sahara Español, es uno de los ejemplos más claros del abismo que separa a los gobernantes españoles de la ciudadanía a la dicen representar y proteger.

Los ciudadanos españoles de pleno derecho que habitan el Sahara siguen sufriendo la traición.

El Sahara Occidental era la provincia número 53 de España. Tenía, por supuesto,  derecho a iniciar un proceso que le convirtiera  en estado independiente. Los últimos esbirros  del régimen franquista de la época cedieron a las presiones de Marruecos y entregaron el Sahara a Hassan II. A la ocupación del Sahara le siguió la guerra, hasta que en 1991 se firmó una tregua con la promesa de un referéndum de autodeterminación auspiciado por quien más miente y engaña del mundo, la ONU.

Después de  décadas  la consulta no se ha celebrado. Nuestros compatriotas  saharauis viven reprimidos bajo la ocupación marroquí o exiliados en Argelia.

Nadie, al menos oficialmente, ha derogado aún la responsabilidad de España sobre el Sahara Occidental pero los diferentes gobiernos que hemos padecido nunca han tenido valor para reclamar lo nuestro y se han ido pasando la vergüenza, la traición y la cobardía de unos a otros hasta nuestros días.

Prácticamente al mismo tiempo que el Rey Juan Carlos prometía en El Aaiún que España cumpliría sus compromisos”, Henry Kissinger daba luz verde a la invasión marroquí del Sahara.

A partir de ahí se fue forjando la gran amistad entre nuestra Corona y el reino alauita. Felipe González prometió apoyo al Frente Polisario “hasta la victoria final”, promesa que no tardó en romperse. El PP, en sus años de oposición, acusaba a los gobiernos socialistas de Zapatero de no defender los derechos humanos. Meses después, el Gobierno de Rajoy denegó asilo político en España a Hassana Aalia, un activista de 27 años, condenado a cadena perpetua por su participación en el asentamiento de El Aaiún.

EEUU se cruzó en el camino. El amigo americano prefirió un Sahara marroquí antes que un Sahara independiente. 

La monarquía española protagonizó uno de los hechos más tristes de nuestra historia. Tras prometer en el Aaiún honor y firmeza, escasos días después ordenó al ejército abrir la frontera a la invasión marroquí y 300.000 personas penetraron en el territorio persiguiendo y aniquilando a la población española.

España sigue dejándose torear por la ONU, humillada por Marruecos y ninguneada por USA, mientras, sigue pagando a los autores de la traición y sus herederos, tanto monárquicos como políticos.

Yo sigo considerando mis compatriotas a los saharauis que España ha abandonado y traicionado.

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