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En el Día de la Iglesia diocesana

Carta, para este domingo, del obispo D.Casimiro

Este domingo celebramos el Día de la Iglesia diocesana, una jornada que nos invita a mirar con gratitud el rostro de nuestra diócesis, la familia de los hijos de Dios que peregrina en Segorbe-Castellón. Somos una comunidad elegida por Dios para ser signo e instrumento de su amor y salvación. En ella se ofrece el Evangelio, se celebran los sacramentos y se vive la caridad. En ella se recibe la fe y se renace a la vida de los hijos de Dios; ella es el ámbito necesario para vivir como cristianos, porque Dios no quiso santificar y salvar a los hombres aisladamente, sino constituyendo un pueblo (cf. LG 9). En este día damos gracias al Señor por nuestra Iglesia diocesana y tomamos conciencia de que todos los cristianos católicos formamos parte de ella: sacerdotes, religiosos, laicos, jóvenes, niños adultos y ancianos.

El lema de este año, “Tú también puedes ser santo”, nos conduce al corazón del mensaje de Jesús. La llamada a la santidad no está reservada a unos pocos. Todos los bautizados estamos llamados a la santidad. “Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48), nos dice Jesús. La santidad consiste en vivir con amor verdadero las ocupaciones de cada día. Ser santo no significa hacer cosas extraordinarias sino dejar que el amor de Dios transforme lo ordinario en extraordinario. Un padre o una madre que se entrega con amor a sus hijos; un joven que estudia con honestidad y esperanza; un anciano que ofrece su soledad por la Iglesia; un sacerdote que ama y se entrega a su comunidad… todos ellos, desde su realidad, están recorriendo un camino de santidad.

La santidad es acoger la vida de Cristo en nosotros. No es mérito propio, sino don gratuito del Espíritu Santo que nos santifica día a día, cuando dejamos que Él guíe nuestros pensamientos, palabras y acciones. Por eso, ser santo no es algo imposible. Dios no nos pide lo que no podamos dar, sino que abramos nuestro corazón a su gracia, que nos capacita para amar incluso en las dificultades.

Nuestra Iglesia diocesana es el lugar donde la llamada a la santidad se hace concreta, visible y posible. En ella encontramos el apoyo, el acompañamiento y los medios que nos ayudan a crecer como discípulos misioneros del Señor: la Palabra de Dios, la Eucaristía y el resto de sacramentos, la acogida al necesitado y el acompañamiento a todos; y desde ella salimos a la misión en el mundo.

Celebrar el Día de la Iglesia diocesana es una oportunidad para renovar nuestro compromiso de corresponsabilidad. La Iglesia no es “de otros”; es nuestra Iglesia; y todos estamos llamados a sostenerla con nuestras oraciones, con nuestro tiempo y con nuestros recursos materiales. Nuestra participación -por pequeña que parezca- es un gesto de comunión y una forma concreta de vivir la santidad.

✠Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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