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Opinión

La condena de la discrepancia

Artículo de opinión de Antonio García Besga

El disentimiento personal en opiniones, eso es discrepar y no otra cosa, está perseguido y condenado.

No se atormenten pensando en quienes son los que no consienten la discrepancia, ocurre en la derecha, en el centro, en la izquierda y en los extremos, se deja ver en la empresa, en las amistades y en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana.

Pero centrémonos en la política, siempre es lo que más morbo despierta.

No hay un solo político con el que se pueda discrepar. Unos están tan enfermos que habitan en la escala superior de los que creen estar convencidos de poseer siempre  la verdad, a otros les “han comido el tarro” hasta tal punto que cuando su superior o su líder más inmediato se tira un cuesco huele bien, cierto es que en ésta última “clase” se encuentran los “pelotas de vocación”, capaces de cualquier cosa con tal de mantener su silla y su sueldo.

Ya anticipó Göbbels que «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad», al menos es a este líder del Partido Nazi, y luego del Tercer Reich a quien atribuyen la frase.

Viniendo de quien viene no es de extrañar que muchos políticos la hagan suya, aunque es curioso que donde más se da la circunstancia es entre los que presumen de ser de izquierdas. Será, supongo, porque al parecer también Lenin aplicó la misma teoría.

No tenemos opciones, la confrontación se ha convertido en el arma política más usada porque mientras acusamos a los demás no se habla de nuestros fracasos y de nuestras chapuzas.

Somos un país atado a la búsqueda de culpables sin que nadie se preocupe de hallar soluciones.

Mientras PP y PSOE se acusan todos los días de ser los culpables de todos los males, con la excepción de Franco y el cambio climático, nosotros, los que estamos en medio y pagamos la fiesta, no recibimos la más mínima mejora en nuestras pensiones, nuestros salarios, nuestra renta, nuestra cesta de la compra, nuestra sanidad, nuestra educación o nuestras infraestructuras. No les interesamos para nada, “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”, y en este caso el muerto es el pueblo español.

De los extremismos mejor ni hablar, mientras los unos se preocupan solo de cambiar “genero” por “intrafamiliar” los otros dedican su tiempo a arruinar empresarios y excarcelar asesinos y violadores.

Eso sí, no se le ocurra decírselo a ninguno de ellos, le darán mil argumentos, todos falsos, para intentar convencerle del buen trabajo que realizan. La discrepancia está abolida, ellos hablan ex cátedra mientras desprecian su opinión al considerarla errónea e intrascendental. En algunos casos, dada su inutilidad y mediocridad, se molestan con su opinión al reconocer, solo internamente, que su inteligencia, la del político, no está a la altura de la suya algo que pone en peligro su estatus y su nivel económico adquirido en las listas electorales tras servir bien al que las hace.

Si intenta usted discrepar y discutir de algo trascendente elija primero correctamente a su interlocutor y asegúrese de que tiene “luces” suficientes para aportar algo a la conversación, con un político, en su gran mayoría, ni podrá discrepar ni aprenderá nada.

 Además, si le contradice, se habrá buscado un enemigo para siempre.

Pero les ruego sigan pensando por su cuenta, les creará muchos problemas pero mantendremos la racionalidad de las cosas por encima de la utilización de las instituciones para el propio beneficio de quienes las controlan. No se rindan, si somos capaces de hacerles frente nuestros hijos y nietos tendrán una oportunidad de librarse de su tiranía, tanto de la ideológica como de la económica.

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