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Una tremenda estupidez

Artículo de opinión de Antonio García Besga

Solo así se puede calificar el empeño del gobierno socialista en cerrar las centrales nucleares.

Si el motivo de su cerrazón es únicamente ideológico la estupidez se confirma, hay que ser muy tonto para tirar piedras a tu tejado solo porque te han lavado el cerebro.

¿Qué otra razón puede mover a un gobierno a semejante barbaridad?

Hagamos un pequeño resumen de la actividad nuclear en España. Funcionamiento y generación estable prácticamente el 90% de las horas del año, un 20% de la electricidad consumida de producción y 20 millones de toneladas de CO2 menos en emisiones. 54.275,01 GWh con una potencia instalada de 7.117 MW, tan solo un 5,71% del total del parque de generación. Datos contundentes de operación de los siete reactores nucleares que a día de hoy tenemos operativos en España.

 Siete reactores nucleares distribuidos en cinco centrales: Almaraz I y II, Ascó I y II, Cofrentes, Trillo y Vandellós II. Almaraz y Ascó son las centrales que tienen dos reactores cada una, mientras que las otras tres tienen un solo reactor. 

Estamos hablando de una garantía de suministro estable por sus balances de funcionamiento, de energía eléctrica que contribuye a la lucha contra el cambio climático y de un nada despreciable 20,34% de producción eléctrica neta. Estos son los datos y en ellos difícilmente se puede encontrar la respuesta a la pregunta de ¿cuál es la razón para cerrar las centrales nucleares?

He subrayado la lucha contra el cambio climático por la fijación que la izquierda y los ecologistas tienen en ello, yo diría que a día de hoy se ha convertido en una enfermedad. No soy negacionista, el cambio climático existe desde que existe la tierra aunque discrepo en que la acción del hombre sea determinante. De hecho la única vez en que conocemos que prácticamente se extinguió la vida en el planeta el hombre no existía. En fin, ese sería otros debate y muy largo.

Si ni tan siquiera la protección del medio ambiente les motiva hay que buscar la causa en razones políticas y económicas.

La seguridad de las centrales nucleares está demostrada, y su respaldo social ha ido en aumento, al menos en aquellas zonas donde están instaladas.

Técnicos nucleares afirman: “La supuesta dicotomía entre energías renovables y energía nuclear es tan solo un mantra de los que se están quedando sin otros argumentos, pues ambas fuentes de generación se complementan perfectamente y nos permiten avanzar de manera robusta hacia un futuro descarbonizado.” El combustible gastado es un tema técnicamente resuelto desde el inicio de la operación de estas instalaciones, se almacena en las propias centrales desde su puesta en funcionamiento y el único debate sobre su modelo futuro se juega en el terreno político y en la necesidad de toma de decisiones por parte de la Administración responsable. Me pregunto yo donde van a almacenar las toneladas de litio que contienen las baterías de los coches eléctricos que se han empeñado en fabricar, mucho más contaminante que el uranio-235 que se usa en las centrales. Otro debate que nos llevaría días.

La mayor parte de los países europeos han apostado ya por la operativa a largo plazo de sus reactores y por la construcción de nuevos, nos estamos quedado muy solos en esta política absurda.

El cierre de una sola central nuclear es tirar por la borda un recurso más, perder tecnología y conocimiento y condenar muchos puestos de trabajo sin que exista una razón, más allá de caducos planteamientos ideológicos, para hacerlo. 

Un ejemplo claro de nuestra estupidez es el cierre de las centrales térmicas para posteriormente comprar electricidad a Marruecos producida con carbón.

¿Puede estar la respuesta ahí? ¿Qué estamos pagando a Marruecos concediéndole créditos, armamento y poniendo en posición de privilegio al país alauita ante los agricultores españoles?

Se comenta que ya son más de 18 los parlamentarios europeos investigados por recibir “generosas propinas” de China a cambio de sus “votos verdes” en Bruselas para fomentar la dependencia energética y tecnológica del “monstruo” asiático. Tal y como está la política cualquier cosa es creíble.

Si no hay razón ecológica, sino hay confrontación con las energías renovables, si se reducen las emisiones de CO² y si es una fuente de energía segura y barata está claro que la decisión es ideológica y política, por lo que podemos afirmar que la política energética nacional traiciona los intereses de España y de sus ciudadanos poniendo  en peligro nuestro futuro, al margen de destruir miles de puestos de trabajo directos e indirectos.

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