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Hablamos con Enrique Vera, enfermero de Instituciones Penitenciarias

“Es mucho más fácil sufrir una agresión en un centro de salud que en la prisión”

El sanitario ha escrito ‘Trece mil días a la sombra’, un reflejo de sus vivencias en el ámbito penitenciario a lo largo de 35 años

El autor detalla la realidad de los profesionales de enfermería que trabajan en prisión y reflexiona sobre el futuro de la sanidad penitenciaria .

El enfermero Enrique Vera ha pasado 35 años trabajando en la prisión.  “Viví una época en que la sanidad penitenciaria fue puntera. Se luchó como en ningún otro lugar contra la pandemia del VIH, la tuberculosis y, posteriormente, conta las hepatitis B y C”, explica. Recientemente, ha plasmado sus experiencias en el libro Trece mil días a la sombra (Ed. Círculo Rojo).

El autor explica que ha empleado “un tono humorístico y una visión enfermera” para explicar cómo han evolucionado las cárceles en las últimas décadas. “En este trabajo, se retratan aspectos cotidianos y extraordinarios de la vida intramuros con muchas anécdotas. Todo ello enriquecido con una colección de imágenes del autor y una gran recopilación de jerga penitenciaria, en un glosario de más de cien términos distintos”, detalla Vera.

Presentación de ‘Trece mil días a la sombra’ en el MENADOR Espai Cultural de Castellón.

En mayo de 1990, con 25 años, este sanitario entró por primera vez en un centro penitenciario. “Me había diplomado tres años antes y había estado cubriendo sustituciones en el ámbito rural y en Urgencias. También había ejercido en el ámbito hospitalario. Luego, me dediqué a realizar avisos a domicilio para compañías privadas de seguros. Curiosamente, conocí a un compañero que trabajaba en la prisión de Castellón. Me ofreció la posibilidad de entrar como enfermero interino en el centro y acepté”, recuerda Vera.

El trabajo le enganchó. En diciembre del mismo año se convocaron oposiciones al Cuerpo de Enfermeros de Instituciones Penitenciarias con 108 vacantes. Enrique Vera fue el segundo de su promoción: “Pude optar a una plaza en el Centro Penitenciario de Teruel, el más cercano a mi residencia. En 1995, por concurso de traslados, volví al centro Castellón I, donde he ejercido hasta la actualidad”.  

Una segunda casa

A lo largo de más de tres décadas, el enfermero ha forjado muchas relaciones sociales, tanto con compañeros como con internos. Señala que el trato con ellos es el mismo que con cualquier otro paciente: “Suelen ser muy educados con el personal sanitario. He llegado a conocer hasta tres generaciones de reclusos: padres, hijos y nietos. Siempre he procurado no conocer las causas por las que están en prisión”.

El autor de Trece mil días a la sombra asegura que nunca ha tenido ningún problema con ninguno de ellos. “Es mucho más fácil sufrir cualquier tipo de agresión en un centro de salud o en un hospital que en la prisión. En mi amplia experiencia no he conocido ningún caso de agresión a personal sanitario en este entorno”, argumenta Vera. De hecho, su trabajo le ha aportado muchas relaciones sociales, tanto con compañeros como con pacientes. “Es mi segunda casa. Después de tantos años, las relaciones son muy familiares”.

El trato con el resto de los trabajadores está marcado por un gran compañerismo: “Ésa es la base de las buenas relaciones. Suelo decir a mi alumnado de prácticas de la Universitat Jaume I y la Universidad CEU Cardenal Herrera que en el barco estamos todos, hoy por mí y tal vez mañana sea por ti. Es vital apoyarse en el resto de los sanitarios y en los funcionarios”.

El enfermero sostiene que no es necesaria ninguna aptitud especial para trabajar en prisión. Comenta que las labores que realizan allí los profesionales de enfermería son similares a las de atención primaria. “La prisión es como un pequeño pueblecito con todos sus servicios, nosotros estamos en el centro de salud”, expone. Su jornada arranca con las extracciones de sangre para efectuar las analíticas previstas y con una reunión de servicio para conocer las novedades de la guardia del día anterior.

“He llegado a conocer hasta tres generaciones de reclusos: padres, hijos y nietos”

“Posteriormente, se realizan vacunaciones y curas y se administran inyectables. Se llevan a cabo controles de pacientes crónicos y se reparte metadona y Suboxone (como se hace en las Unidades de Conductas Adictivas). También se preparan medicaciones crónicas, medicaciones psicotrópicas y fármacos derivados de las consultas médicas”, detalla Enrique Vera. A nivel profesional, su trayectoria le ha brindado “muchos conocimientos en campos como la salud mental, la psicología, las enfermedades infecciosas, las drogodependencias, la traumatología, la cirugía y las emergencias en general”.

Relevo generacional

Con la mirada puesta en el porvenir de la enfermería de Instituciones Penitenciarias, Enrique Vera plantea un pronóstico positivo: “Todos los años han ido creando nuevas plazas, incorporándose profesionales jóvenes que son el futuro de la sanidad penitenciaria. Las plantillas de todos los centros están bien cubiertas por personal de enfermería”, explica el autor. Sin ir más lejos, este 2025 Ministerio del Interior ha ofertado 39 plazas para el Cuerpo de Enfermeros de Instituciones Penitenciarias. Estos profesionales seguirán velando por la salud y el bienestar de los que deben pasar sus días a la sombra.

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