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Genocidas

Artículo de opinión de Luis Andrés Cisneros

Según figura en el Diccionario de la RAE, se entiende por genocidio el “exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”. Por lo cual cabe deducir de esta aseveración que, cualquier persona que lo practique es un “genocida”.

He preferido guiarme en la descripción de este término por lo que dictamina la Real Academia, garante de la limpieza y pulcritud en el idioma, tal y como fija su lema “limpia, fija y da esplendor”, huyendo de las definiciones de organismos políticos (ONU, UE, etc.) que, por venir de donde vienen, serán de todo menos verdad.

Viendo la foto que ilustra este artículo, no resulta nada difícil identificar al grupo de genocidas que parecen sentirse orgullosos de ocupar su espacio de honor en la imagen. No obstante, han querido incluir en la misma a un guardia civil, como coartada para ocultar sus aviesos actos recientes.

Pero, para poder calificarlos adecuadamente y ubicarlos en el lugar que la Historia les destinará en el futuro, deberíamos intentar explicar cuál es la razón que nos empuja a definir a los miembros de este selecto club de individuos que no tienen como bandera la empatía hacía los seres humanos.

En primer lugar, veamos la primera definición del genocidio, el exterminio por motivo de raza. Si nos atenemos a lo que ello significa, estamos observando que todas las medidas de los políticos van encaminadas hacia la eliminación de aquellas personas de raza blanca, buscando su sustitución por otras distintas.

A continuación, figura la eliminación por la etnia ya que los esfuerzos de los políticos van encaminados a destruir los grupos que están definidos por afinidades raciales, lingüísticas o culturales. Ahí tenemos multitud de ejemplos con la persecución salvaje de idioma español.

La religión figura entre otro de los más enconados acosos por parte de los expoliadores genocidas, únicamente dirigidos contra los practicantes de la doctrina de Cristo. Desde el derribo indiscriminado de cruces y otros símbolos, hasta la profanación de tumbas. Curiosamente, eso no ocurre con otras religiones.

Si nos atenemos a lo relativo al exterminio de la disidencia política, las constantes vejaciones y acosos a los que no piensan como ellos son el pan nuestro de cada día, ante la mirada complaciente de los cuerpos de seguridad que ellos manejan a su antojo.

Y en último lugar sufrimos a diario las vejaciones y desplantes ante los símbolos nacionales, como la bandera, llegando al paroxismo de que a los políticos les avergüenza decir la palabra ESPAÑA, la cual es sistemáticamente suprimida de los discursos y de la vida diaria.

Pero no importa. Sólo interesa que nos roben a manos llenas. Nosotros les importamos un bledo. Sólo somos un contribuyente más para seguir llenando sus bolsillos que acabarán disfrutando en paraísos fiscales, como han venido haciendo a lo largo de la Historia. ¿No es así, Letizio VI?

En otro tiempo, se internaba a la gente en campos de concentración para acabar poco a poco con ellos por el hambre o los malos tratos. Pero eso suponía un gasto tremendo y no se podía sacar ningún beneficio suplementario. Tenían que cambiar el método.

Finalmente lo encontraron. Es más sencillo asesinar a la gente en los trenes. O sea, no hacemos el mantenimiento, que se estrellen y aún sacaremos dinero de las revisiones, reparaciones y la adquisición de nuevo material. ¡Un negocio redondo! Y seguimos trincando.

Amigo lector, les importamos en huevo, nos quieren sustituir por otros más dóciles (y mira que es difícil). ¿Hay algo más absurdo que regularizar a ilegales? Sí, lo hay, seguir votando a estos políticos genocidas y con rasgos psicopáticos preocupantes.

Espero que haya identificado a los “genocidas” en la foto. No era difícil.

¡¡VIVA ESPAÑA!!     ¡¡ARRIBA ESPAÑA!!

  Luis Andrés Cisneros

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