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El silencio interior

Carta del obispo D.Casimiro para esta semana

Cada Cuaresma es una nueva invitación de Dios a volver a lo esencial. No se trata simplemente de “hacer más cosas”, sino de crear espacio en nuestro interior para que Dios pueda hablarnos al corazón.

Vivimos en un mundo lleno de ruidos: palabras que se superponen, opiniones que nos confunden, mensajes que nos saturan o prisas que no nos dejan descansar. También nuestro interior está lleno de preocupaciones, miedos y cansancios. El ruido exterior no es sino reflejo de un ruido interior más profundo, provocado por pensamientos incesantes, por heridas no sanadas, por preguntas sin responder y, a veces, por el miedo a quedarnos a solas con nosotros mismos.

Ante este escenario, la Cuaresma nos propone hacer silencio en nuestro corazón. Es una propuesta muy necesaria en nuestro tiempo. El silencio nos devuelve la capacidad de escuchar: de escucharnos a nosotros mismos, de escuchar a los demás, y, sobre todo, de escuchar a Dios. En la Escritura, Dios no suele manifestarse en el ruido, sino en la brisa suave (cf. 1 Re 19,12). El silencio es el umbral de esa brisa.

Dios no deja de hablarnos; pero el ruido interior nos impide escucharle. En la Cuaresma, Dios nos dice con ternura: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Os 2,16). El desierto no es un lugar de castigo, sino de silencio. Es el espacio donde caen las falsas seguridades y donde vuelve a resonar lo verdaderamente importante.

Hacer silencio interior no es huir de la vida. Es atreverse a mirarla a la luz de la Palabra de Dios. El silencio cuaresmal está habitado por la presencia de Dios que habla, por la verdad de lo que somos y por el deseo profundo de volver a empezar. En el silencio aprendemos a reconocer lo que nos hiere y lo que nos salva. Descubrimos qué voces seguimos, qué caminos estamos recorriendo y hacia dónde se orienta nuestro corazón. Y allí, en lo más hondo, Dios vuelve a pronunciar nuestro nombre y mostrarnos su amor y su misericordia.

En la Cuaresma, la Iglesia no nos propone técnicas para una paz interior, sino caminos de salvación. La tradición cristiana sabe que el corazón humano no se sacia con acumulación de experiencias. El corazón humano necesita sentido, necesita encuentro, necesita trascendencia, necesita a Dios. La sociedad puede ofrecernos conexión constante, pero no relación ni comunión; puede multiplicar las voces, pero no garantiza la escucha; puede llenar los días, pero no el corazón. La Cuaresma es un tiempo para volver a lo esencial. Un tiempo para reconciliarnos con Dios, con los demás y con nosotros mismos. Un tiempo para redescubrir que en el silencio no estamos solos. En el silencio habla Dios. Y su palabra siempre es vida y salvación.

XCasimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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