
Pues sí, no fueron ni los franquistas, ni los fascistas, ni los de derechas, no, el 4 de agosto de 1933, el Gobierno de la República de Azaña, aprueba la “Ley de Vagos y Maleantes” que contemplaba como objetivo tratar a los vagabundos nómadas, proxenetas y otras personas con comportamientos incívicos y antisociales.
Con ese fin, se creó en la localidad madrileña de Alcalá de Henares, justo un año después, en agosto de 1934, el primer campo de concentración. En dicho establecimiento, los ingresados se dedicaban a trabajos forzados, eso sí, sin percibir compensación económica.
A la vista de la ingente cantidad de detenidos, tuvieron que erigir dos nuevos campos en la península en Burgos uno y otro en el Puerto de Santa María. Asimismo, y a la vista del “éxito” obtenido tuvieron que inaugurar otro en la isla de Annobón en la Guinea Española.
Bueno, pues si tuviéramos que aplicar dicha ley republicana en nuestros días, nos veríamos abocados a crear nuevos campos ante la demanda incipiente de candidatos a ocuparlos. Sólo haciendo una redada el pasado 28 de febrero en la entrega de los Premios Goya se llenarían varios campos de concentración.
De los asistentes a dicho aquelarre descerebrado, salvo a las actrices Leonor Waitling, Macarena Gómez y al marido de este última, Aldo Comas, el resto que cumplen sobradamente lo de Vagos y Maleantes tendrían que ser detenidos y encarcelados.
Una piara de personajes que viven a costa de lo que el Gobierno les regala de nuestros impuestos cuyas películas no van a verlas a las salas ni sus propias familias y que, cual vulgar prostituta, están a las órdenes de quien les paga de lo que nos roban, se permiten el lujo de erigirse en referentes para nosotros.
El cine español no recauda una “mierda” en las taquillas. Estos Vagos y Maleantes, que no pegan palo al agua, son incapaces de crear alguna película que no esté dentro de los parámetros ideológicos que los políticos les ordenan, pero no se cansan de pedir dinero que se niega para algo que la gente sí que demanda.
Salen al escenario con pegatinas de Gaza, de Palestina, de Ucrania, de Maduro o del mismísimo Satanás, mientras que se olvidan de los muertos en el criminal acto de los trenes en Adamuz, de las víctimas de la riada de Valencia, de los que aún siguen sufriendo lo del volcán de La Palma.
Les importa un huevo que cada día más españoles no sepan como llegar a fin de mes, que las listas de espera en la sanidad provoque muertes, que la inseguridad en las calles sea el pan nuestro de cada día, que los que ocupan una casa desalojando a sus propietarios tengan todos los derechos del mundo.
Es extraño que todos y cada uno de los Vagos y Maleantes que salieron a vomitar las consignas dictadas por el sátrapa de Sánchez y que, salvo esas tres excepciones antes señaladas, nadie se desvió ni un ápice del guion marcado
No hay dinero para medicamentos contra el cáncer, no hay un duro para que el Dr. Barbacid investigue para solucionar el tratamiento del cáncer de páncreas, la Guardia Civil está abandonada a su suerte, pero todos esos que ladran en los Goya tienen sus mansiones a buen recaudo.
Por supuesto todos y cada uno de los Vagos y Maleantes acudieron a su acto de felación al régimen con sus mejores galas, con sus buenos relojes, con sus caros zapatos y con sus soflamas anticatólicas y antiespañolas, ¡Faltaría más!
Y allí estaba él, Pedro Sánchez, el Todopoderoso, acompañado por la carne de banquillo, el hombre que pasará a la Historia de España como aquel que destruyó un país con siglos de historia.
Tenemos la fórmula para luchar, que es negarnos a ir a ver películas españolas, no ver la televisión, escaparnos del lavado de cerebro que nos hacen con el cine, la televisión y la prensa. Pidamos la eliminación de las subvenciones al cine español.
¡¡VIVA ESPAÑA!! ¡¡ARRIBA ESPAÑA!!
Luis Andrés Cisneros
