Lo que comenzó como un modesto enclave con apenas 64 metros de muelle y unas pocas grúas fijas, se ha transformado hoy en un gigante logístico con más de 8.700 metros de línea de atraque, consolidado como el noveno puerto de España en tráfico de mercancías.
Un sueño nacido de la ambición industrial
Aunque la efeméride de hoy marca el inicio institucional, la semilla de PortCastelló se plantó mucho antes, impulsada por el carácter reivindicativo de la sociedad castellonense. Ya en 1716, diversas villas de la provincia solicitaban al rey Felipe V un embarcadero para dar salida a productos como el vino, el aceite o la seda. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó en 1865.
En aquel año, un grupo de 39 empresarios y políticos, liderados por el ingeniero Leandro Alloza, escribieron a la reina Isabel II con una visión clara: Castellón necesitaba un puerto para exportar su cerámica, sus cítricos y sus productos agrícolas. Aquella misiva no solo justificaba la necesidad técnica por la llegada del ferrocarril, sino que apelaba al desarrollo de una industria que, siglo y medio después, sigue siendo el motor de nuestra economía.
Resiliencia ante la adversidad
La historia del puerto no ha estado exenta de desafíos. Desde sus inicios, la financiación fue una batalla constante; al no ser considerado inicialmente de «interés general», la sociedad civil tuvo que movilizarse en Madrid para lograr que el Estado asumiera su coste en 1882.
Décadas más tarde, el puerto sufrió las cicatrices de la Guerra Civil, quedando prácticamente impracticable tras los bombardeos que destruyeron muelles y vías férreas. Lejos de rendirse, la infraestructura resurgió con fuerza en los años 60 con la creación del polígono del Serrallo y la llegada de la refinería ESSO (actual BP). Este hito multiplicó el tráfico de mercancías de 431.000 toneladas en 1966 a más de 4,3 millones solo un año después, posicionando a Castellón por encima de Valencia y Alicante en aquel momento.
La apertura a la ciudadanía y el futuro
A partir de los años 90, PortCastelló inició una transformación que trascendió lo industrial para abrazar lo social. Proyectos como la Plaza del Mar o la apertura del Moll de Costa buscaron derribar los muros invisibles entre el puerto y la ciudad, convirtiendo el recinto en un espacio de paseo, gastronomía y cultura para todos los castellonenses.
Hoy, al celebrar estos 124 años, PortCastelló no mira atrás con nostalgia, sino con ambición de futuro. Con conexiones en más de un centenar de países y proyectos punteros como la estación intermodal, el acceso ferroviario sur ó un hub para el sector eólico, el puerto reafirma su compromiso con la economía azul y la sostenibilidad.
Como bien destaca su trayectoria, el puerto no es un fin en sí mismo, sino una herramienta viva al servicio de Castellón. Tras más de un siglo de historia, PortCastelló sigue demostrando que quedarse parado es quedarse atrás, y su camino continúa siendo el de la innovación y la convivencia con la sociedad que lo vio nacer
