No, no es el título de una canción aunque a lo largo de este artículo recurriré a la letra de una vieja y conocida.
Muchos de ustedes se preguntan, incluso me paran por la calle para pedirme mi humilde opinión, cómo es posible que cada vez sea más frecuente ver como personas válidas se alejan de la política y otros no quieren ni tan siquiera hablar de ella.
Supongo que les pasa algo parecido a lo que yo siento e intentaré transmitirles en cuatro párrafos.
Parafraseando, como he dicho, una vieja canción he llegado a la conclusión de que conté mis años y al ver mi camino noté que me queda menos por andar. Ya no me detengo con gente vacía ni pierdo mi tiempo en querer aparentar. Probé los placeres, lloré mis errores y aprendí que el alma no sabe fingir. Me cansé de aquellos que inflan sus nombres y olvidan que todos venimos para marchar. Mi alma tiene prisa, no quiere promesas ya quiere verdades, cariño de más, prefiero los ojos que saben mirarme que una vida llena de falsedad. Mi alma está vieja pero va despierta y aun quiere cantar.
Arruinar tu vida y tu alma con la política no compensa, menos le compensa aún a tu familia que padece directamente las ofensas, las mentiras, las falsas promesas y la falsa amistad.
Esto último sea quizá lo más duro ya que algunos tendemos a pensar que el resto de la gente es como tú, sincera y honrada, y que cuando te ofrecieron su amistad ésta era sincera. Qué equivocados estábamos.
No es cuestión de dinero, ni tan siquiera de ideas, es cuestión de mantener tu integridad sin estar obligado a vender tu alma a quien se proclama líder sin tener corazón.
