El Ayuntamiento de Tírig teme que, «si se continúa con la prohibición, las personas con campos pequeños que no puedan pagar la maquinaria para deshacerse de los restos sin quemarlos, acaben tirándolos a un barranco o los acumule, llegando a ser un peligro para el ecosistema y la salud pública, ya que se podrían producir plagas de insectos».
