¿Asistimos al principio del fin? Esta es la gran pregunta que circula estos días por Castellón después de saber que la Fiscalía investiga al concejal de Movilidad, Cristian Ramírez, por el “asuntillo” de las multas. La respuesta es muy fácil, aunque parezca complicada.
El Partido Popular gobierna en Castellón por accidente. Ni su propio partido creía en la victoria de Begoña Carrasco, a la que ya había preparado sustituta en la figura de Salomé Pradas (no tenía ni conocimientos ni experiencia, se decía. Menos mal que no llegó a alcaldesa y se quedó como consellera). Y de repente, en la ciudad se votó contra Sánchez, de forma que la Carrasco se encontró con un regalo que no espera.
Como no lo esperaba, la campaña electoral fue tan agresiva como pudo. Valía todo, incluso perseguir y amedrentar a la oposición. De esos días emergió la famosa “begoneta”, de la que presumió en redes sociales. La furgoneta negra la alquiló Ramírez, que dejó que la condujera también en algunos actos nocturnos y con alevosía a Javier Torres (el ultra que se quiso encadenar en la Cruz de Ribalta y resultó que se llevó la cadena corta y no lo pudo hacer), ahora recolocado para controlar Servicios Sociales. En esos días, todo valía. Insultar, perseguir con la furgoneta a otros partidos, acosar, hacer pintadas, empujar a candidatos, etc.
¿Qué se esperaba que hicieran cuando llegaron al poder? Pues lo mismo. Lo primero que se destapó fue la corrupción moral de que el mismo concejal destinado a Movilidad no había pagado más de centenar y medio de multas en la zona azul. Un tal Ramírez, ya saben. Salió la Carrasco a protegerle, lo mismo que el concejal Fake (suponemos que ahora se estará arrepintiendo, o no). Y la justicia, casi tres años después, parece que ha abierto el camino para demostrar que su comportamiento fue algo más que amoral.
Pues bien, este mismo concejal Ramírez, fuerte con los débiles y débil con los fuertes, es el que hasta hace tan solo unas semanas increpaba e insultaba por la calle a los vecinos que pedían y piden un poco de respeto en la Magdalena. Una colla que instala su barra en la calle Cervantes, detrás de la antigua Bankia, que genera un problema de movilidad evidente taponando vías de evacuación, que genera ruido, basura, molestias y que tanto defiende este concejal es objeto de quejas de los vecinos. De forma muy respetuosa le han pedido al ayuntamiento una solución, sentarse a hablar para tratar que las molestias sean menores. El gobierno de Carrasco, fiel a su estilo, promete cosas que luego no cumple, enervando a los vecinos. ¡A saber si hay o no vinculación de Ramirez con esa colla en particular! El caso es que, falto de educación, al igual que durante toda la legislatura, el edil se dedica a maltratar verbalmente a los vecinos cuando se cruza con ellos por el centro.
En fin, esperemos que la justicia ponga en su sitio a este personaje de la política local, porque los vecinos no se merecen el desprecio ni los insultos ni las mentiras del gobierno de Carrasco. Seguro que cuando pasen las fiestas de la Magdalena volverán a prometer cosas que no cumplirán para intentar aplacarlos… hasta las siguientes fiestas.
Castellón es otra cosa, claro que sí. Por eso Castellón no se merece a estas personas en el gobierno.
No me alargo más en otra ocasión les hablaré de los dineros de nuestro Gobierno Municipal, al parecer con gastos en cosas tan curiosas como vestimenta, peluquería y hasta ambientador para los despachos. Nos sorprenderíamos, sin duda.
Parece, lo comentaremos, que andan algo preocupados en la empresa concesionaria de la limpieza y del mantenimiento de jardinería, Simetría, con las denuncias públicas de algún partido político. El teléfono entre ayuntamiento y empresa quema estos días.
VICENTE JAVIER MÁS TORRECILLAS
DOCTOR EN HISTORIA Y ACADÉMICO DE LA RACV