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¡Descubre tu vocación!

Carta, para este domingo, del obispo D.Casimiro

Vivimos en una ‘cultura’ marcada por lo inmediato y el éxito, por el ruido y la superficialidad. En este contexto, hablar de vocación puede parecer contracultural. Sin embargo, es precisamente hoy cuando más necesitamos redescubrir que toda vida humana es vocación. En efecto, cada vida humana es no fruto del azar ni está destinada al vacío, sino que es un don precioso de Dios que lleva inscrito en sí mismo una vocación, una llamada. Dios nos llama por amor a la vida y pone en todo corazón humano el deseo de plenitud y de felicidad, de verdad y de amor auténtico.

            Este proyecto de Dios es una semilla interior que espera ser reconocida, acogida y cultivada. Por eso, el descubrimiento de la vocación es, ante todo, un camino hacia el interior de nosotros mismos para experimentar la bondad de Dios en la propia vida. Es allí, en lo más profundo del alma, donde resuena la voz de Dios, suave pero firme, que nos invita a salir de nosotros mismos y acoger el don de Dios a cada uno.

            Dicho descubrimiento requiere silencio y, sobre todo, una disposición sincera a escuchar a Dios. En un mundo lleno de ruidos que nos distraen, nos urge recuperar el valor del silencio interior. El silencio no es vacío, sino un espacio habitado por Dios. Es el lugar donde podemos confrontarnos con nuestras preguntas más profundas: ¿Quién soy? ¿Para qué vivo? ¿Qué quiere Dios de mí?

            La vocación no es simplemente la elección de una profesión o un proyecto de vida más entre otros. Tampoco es algo reservado a unos pocos. Todos somos y tenemos vocación. Todos estamos llamados al amor pleno, a la felicidad, a la plenitud; una llamada que espera una respuesta personal de cada uno y que abarca toda la existencia. Por su parte, la vocación cristiana, propia de todo bautizado, llama a hacerlo participando de la vida de Cristo y compartiendo su misión. Algunos son llamados al sacerdocio o a la vida consagrada; otros, al matrimonio y a la vida familiar; otros, a un compromiso particular en medio del mundo. Todas estas vocaciones tienen en común ser caminos de amor, de servicio y de entrega a los demás.

            No podemos ignorar que este camino de descubrimiento interior está muchas veces marcado por obstáculos. El miedo al compromiso, la inseguridad, la falta de referentes, las heridas personales o familiares, e incluso una imagen distorsionada de Dios, pueden dificultar la escucha de su llamada. Por eso, es fundamental cultivar la virtud de la confianza en Dios, así como espacios de acompañamiento y discernimiento para descubrir, acoger y madurar la propia vocación.

XCasimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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